Recordé la primera vez que lo vi en ese mismo salón, incluso en ese mismo parque, pero por lo visto él no recordaba eso. Volví la mirada hacia él; me estaba mirando. Mi corazón estaba aplastándome el pecho. Sus ojos se posaron en mí como una llama que me quemaba. —¿Quieres que te cuente una historia? Elevé una ceja inquisitivamente y asentí. —Hace algunos años ponle unos cinco podrían ser más o menos… Conocí una chica —sonrió —. Era una niña muy linda, no parecía real, era hermosa, y sus ojos, definitivamente esos ojos eran obras de arte, hechizantes, jamás había visto unos ojos así. Parecía tímida, pero con el tiempo me di cuenta de que no lo era, sólo que yo provocaba ciertas cosas en ella. Nos conocimos en el salón de tatuajes. Hubo algo en ella que llamó mi atención, pero lo dejé

