capítulo 6.

3143 Palabras
EL MARIDO DE MI HERMANA CAPÍTULO 6. Luca pasó su pulgar sobre mi labio enviando toques eléctricos por mi columna, mi cuerpo se estremeció al darme cuenta de como me miraban sus ojos. —Si no te sientes cómoda di alto, te escucharé incluso si susurras. Asentí entrecerrando los ojos. El deseo había nublado mi razón, pensé; si esto es lo que tenía que pasar, que así sea. Sus cálidas manos acariciaban el interior de mis muslos, su aliento cálido estaba entre mis piernas entonces comprendí que estaba de rodillas. Levantó la mirada unos segundos y susurró. —Aún me puedes detener. Negué, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, tenía mi aprobación. Sus dedos hicieron a un lado los shorts de la pijama con bragas incluidas, levanté un poco mi cadera y la eché hacía atrás apoyándome en mis hombros. Entonces sus manos separaron mis piernas y su lengua se resbaló sobre ese punto que era tan sensible, joder, arqueé la espalda porque eso fue muy intenso. Hizo círculos sobre él con la lengua, mordí mi labio con fuerza tratando de callar un gemido, su lengua subía y bajaba, se movía de una manera que provocaba mil sensaciones en mi cuerpo, eran tantas que era incapaz de nombrarlas. Él sonrió y continuó dándome placer, su maldita lengua se movía de una manera que me volvía loca una y otra vez, succionó justo ahí en ese punto que hacía que mis rodillas se doblaran, enredé mis dedos en su cabello apretándolo con fuerza, sentí que mi cuerpo empezó a retorcerse; algo me quemaba por dentro. Levantó la mirada una sucia y malvada mirada, movió los labios diciendo. —Arde chispita, arde. Entonces su lengua se movió más deprisa, sentía que iba a estallar y de repente una sensación aturdió todos mis sentidos borrando todo lo que pasaba a mi alrededor, me retorcí y gemí, con un último movimiento de su lengua caí abrazando un orgasmo, mi primer orgasmo, vaya que se sentía genial, no existía una palabra que lograra describir como tal la sensación, era algo que solo se podía disfrutar al sentirse. No podía cerrar las piernas ni moverme, era realmente intenso. Retrocedió un paso mientras se relamía los labios saboreando hasta la última gota. Intenté enderezarme. Sus ojos le ardían, tomó respiraciones rápidas. —Que rico sabes —sonrió con malicia—, acabo de saborear tu fuego mi chispita y ardes. Me sujetó de las caderas ayudándome a bajar, sus pulgares se enredaron en los mechones de mi cabello retirándolos de mi rostro. »Recuerda que puedes decir "basta" y me detendré. Dentro de mí había una sensación ardiente que no se podía apagar. Lo miré a los ojos olvidándome de la vergüenza, empecé a bajar la mirada deteniéndola justo en el gran bulto que se marcaba en medio de sus piernas, sin pensarlo bajé la mano hasta la cintura de su bermuda, sus músculos se tensaron, metí un dedo y empecé a moverlo a lo largo, él no se movió, solo me miró muy atento como esperando mi siguiente movimiento. —Llegó la hora de ver tu tatuaje de cerca. Bajé la mano por encima de la bermuda y acaricié su erección, me detuve unos segundos mientras pasaba saliva, se sentía tan duro. Lo acaricié un poco más, un gruñido se escapó desde el fondo de su garganta entonces sin que él lo esperara me puse de rodillas. Ni siquiera yo sabía qué carajos estaba haciendo, sólo que la maldita curiosidad me estaba comiendo por dentro, bueno y todas esas cosas que él me había provocado. Me sujetó de la barbilla obligándome a levantar mi rostro y mirarlo. —¿Seguro que es lo que quieres? —preguntó con una mirada hipnotizadora. Sonreí. —Quiero verlo de cerca, no puedo perder esa oportunidad. A veces no podía controlar mis miradas y en ese momento le lancé una mirada que ya lo había desnudado. Mi mano se posó en su muslo y luego se deslizó un poco más arriba, rocé el bulto de sus pantalones, escuché un pequeño jadeo. Mis dedos agarraron la cintura de sus pantalones y la bajé con bóxer incluidos liberando a esa bestia de su prisión de tela, abrí los labios cuando vi lo que había liberado, se suponía que eso tenía que caber dentro de mí. Él sonrió con maldad al ver la expresión de mi rostro, es que esa cosa tenía un buen tamaño y un buen grosor, lo agarré con mi mano y un gemido se le escapó. Me gustaba lo duro que estaba, con mi otra mano acaricié el tatuaje dibujando los bordes con mis dedos, era muy lindo, pero sin duda alguna lo más bonito de Pinocho era su gran y dura nariz. Tomé su nariz en mis manos y lo llevé a mis labios, al principio pasé lenta y suavemente mi lengua por su cabeza saboreándola. Luca arqueó la espalda, no tenía idea de lo que hacía, pero siempre había una primera vez para todo, era cuestión de poner en práctica las teorías. Luego me deslicé poco a poco, bueno solo hasta donde yo podía porque sentía que me ahogaba, con ese solo roce sentí que aumentaba de tamaño, joder como esa cosa podía crecer más. Succioné con fuerza. —¡Ahg! —gruñó con los ojos nublados por la pasión y el deseo carnal —, despacio. Me sujetó la cabeza ayudando a guiar mis movimientos, empujó un poco, abrí los ojos cuando lo sentí en el fondo de mi garganta, me alejé y exhalé con fuerza tratando de respirar. »No todo, no seas glotona. Eres demasiado curiosa —susurró con una sonrisa en los labios. Eso era lo que más me gustaba de él, su nivel de maldad. Lo volví a poner en mi boca, le pasé la lengua como si de un helado se tratara y luego chupé un poco más fuerte mientras con mi mano rodeé la base de su erección, él flexionó su cadera metiéndomela más hasta el fondo de la boca, hasta estrellas me hizo ver, no le iba a dar el gusto de alejarme así que empecé a mover mi lengua en la punta con pequeños círculos una y otra vez, un gemido se le escapó y eso se escuchó demasiado sexy. Así que quería decir que lo estaba haciendo bien, no estaba mal para ser mi primera vez. Empecé a mover la cabeza y la lengua al mismo tiempo, Luca enredó los dedos en mi cabello apretándolo con fuerza, pero sin lastimarme. —¡Deberías detenerte! —susurró con los dientes apretados. Ignoré lo que escuché, Luca enredó mi cabello en torno a su mano y lo haló con fuerza obligándome a mirarlo, eso fue excitante. »Debes parar, no quiero terminar en tu boca —gruñó —, no creo que te guste mucho. Me agarró por los hombros obligándome a ponerme de pie. Mordí mi labio rodeé su cuello con mis brazos. —Se supone que la que tiene que decir basta soy yo. —Me saliste muy curiosa, créeme no creo que eso te hubiera gustado. —Probando es que se sabe —sonreí. Sus manos estaban en mi cabello tiró de mí hacia su boca empujándome contra la isla, me besó con intensidad. —Perfecto —soltó en mis labios—, todavía puedes decirme que me detenga. Era verdad eso que decían; un beso te puede llevar a muchas cosas incluso a perder el juicio por completo, al parecer yo no quería detenerlo, en ese momento no estaba pensando con la cabeza precisamente. Me pegué a sus labios mi lengua chocó con la suya, erótico e intenso, me abrió las piernas con su rodilla, lo que estaba a punto de pasar ni yo lo sabía. De repente escuchamos ruidos que provenían de las escaleras, nos acomodamos la ropa rápidamente, Luca se fue al jardín trasero y yo serví otro vaso de agua, empecé a tomar grandes sorbos, sentía que el corazón se me iba a salir, además del calor en mis mejillas. La luz de un celular alumbró la cocina. —¡Mierda, que susto! —mi hermana se llevó las manos al pecho—, casi se me sale el corazón. ¿Estás bien? Me miró, seguro estaba roja como tomate. Me eché aire con la mano mientras tomaba el contenido del vaso. —Hace demasiado calor, no podía dormir por eso bajé por un poco de agua. Vanessa abrió la nevera y se sirvió. —Ni lo digas, tampoco puedo dormir, está haciendo demasiado calor. Traté de disimular los nervios, me llevé el susto de mi vida. Solo hasta ese momento regresé a la realidad y me di cuenta de lo que estuve a punto de hacer, había perdido la razón por completo. Donde Vanessa no hubiera aparecido tal vez hubiera traicionado a mi golondrina. Ese juego se me salió de las manos, llegué muy lejos. Me incendié con mi propio fuego y por poco me consume. —¿Vamos? —Vanessa me sacó de mis pensamientos. No podía negarme y tal vez era lo mejor. Dejé el vaso en el lavaplatos y la seguí. Ella entró a su cuarto y yo al mío, me tumbé en la cama, cerré los ojos y recordé todo lo que había pasado. Estuve a punto de entregarme a él, estaba claro que un momento de calentura podría traer grandes consecuencias. Al día siguiente nos reunimos en la mesa para desayunar, no podía mirarlo a los ojos, temía que la mirada me delatara, al fin ahí estaban todos, así que me dediqué a comer en silencio mientras todos platicaban. De vez en cuando sentía el peso de su mirada sobre mí. Y sí, sentía un poco de vergüenza después de todo lo que pasó. Pero a decir verdad, no me arrepentí de nada, todo fue nuevo y admito que me gustó mucho experimentarlo con él. Todos se fueron alejando de la mesa incluso él, tal vez pensó que estaba incómoda y por eso no me habló. Salí al jardín a buscarlo, estaba tumbado sobre un pequeño mueble. Me recargué en el marco de la puerta, me miró y sonrió. —¿Ya me extrañaste? —volvió la mirada al frente. —Por supuesto. Me acerqué y me senté junto a él. »¿Si pudiste dormir? —inquirí. No me iba a dejar intimidar con su juego de miradas, al fin ya habíamos llegado muy lejos, cruzamos la línea y un poco más. —Dormí bien y soñé rico. Solté una risita. —¿De casualidad yo estuve en unos de esos sueños? Frunció los labios en una pequeña sonrisa apenas perceptible. —Claro. A veces con alas y otras con cachos y cola. Eres mitad ángel, mitad demonio. Me dio un ligero golpecito con el dedo en la nariz y se levantó. —¿Y qué lado te gusta más? —lo seguí. Me miró, estábamos demasiado cerca. —Ambos, eres una combinación perfecta, aunque peligrosa. Eres muy curiosa y por lo que veo no dejas pasar la curiosidad sino que haces todo por descubrir lo que quieres. Eres la chispita y donde quiera que vayas habrá un incendio. Lo rodeé con mis brazos, sonreí malvadamente. —Que observador eres. Me gusta descubrir cosas nuevas. Y sí, siempre he sido muy curiosa. Se inclinó un poco y susurró cerca a mi oído, su aliento caliente me dio escalofríos. —¿Y te gustó lo que descubriste? Se enderezó y me miró fijamente. Sin alejar la mirada, aunque sentí un pequeño rubor en mis mejillas, respondí con seguridad. —Mucho. Sonrió de esa manera en la que lo hacía, una mezcla de dulzura y maldad. Se alejó un poco. —¡Tenemos algo pendiente! —soltó. Arqueé una ceja y ladeé la cabeza, en esos momentos los pensamientos trabajan al mil por ciento, era tan evidente que él soltó una pequeña risita. »Me ibas a mostrar tus dibujos, ¿lo recuerdas? Sacudí la cabeza saliendo de mi estupidez, sonreí y asentí. Vaya que él tenía un gran poder de hacerte tambalear con el doble sentido que le ponía a las palabras. Subimos a mi habitación y le mostré algunos de mis bocetos, los miró con admiración y me dijo que siguiera alimentando ese talento porque iba a llegar muy lejos. También me dijo que le gustaría que un día le hiciera un dibujo y se lo regalara. Me ayudó a cambiarme el parche de mi tatuaje, me puso un poco de crema y el roce de sus dedos era tan cálido y suave que toda mi piel se cubría por la piel de gallina. Luca era el tipo ideal para cualquier chica, todo en la vida sería tan sencillo si pudieras elegir a quién querer. Me giré y nos quedamos mirándonos en silencio, las palabras a veces no son necesarias. Era evidente que entre nosotros dos había una química muy grande. Él fue el primero en romper el silencio, me invitó a un helado, me dijo que saliéramos a dar una vuelta al parque. Me cambié y salimos juntos. Empezamos a platicar de todo un poco, la infancia, algunos recuerdos juntos, sus gustos y mis gustos, pero en ningún momento mencionamos lo que había pasado la noche anterior, tal vez ambos evitábamos el tema. Compramos los helados y nos sentamos en una banca del parque, nos volvimos a quedar en silencio como si solo estuviéramos disfrutando de nuestro helado. Lo miré, fui la primera en hablar aunque no tenía ni idea de qué decir. —Lo que pasó ayer… Me interrumpió. —¿Te arrepientes? —inquirió mirándome a los ojos. Sin dudarlo respondí. —Por supuesto que no. —Ok —sonrió—, entonces no hay porqué preocuparnos, los dos estuvimos de acuerdo en lo que pasó y creo que ambos lo disfrutamos así que cero remordimiento. Llegamos hasta donde teníamos que llegar, eso no quiere decir que las cosas van a cambiar entre nosotros, ¿o sí? —Claro que no. Volvió a sonreír y me pasó la mano tras los hombros acercándome a él. —Digamos que te enseñé un poco de algo que no sabías y me encantó ser tu maestro. —A mí me encantó tener al mejor maestro, al más guapo y sexy. Se encogió de hombros, sonreí, me gustaba mucho esa manera que él tenía de ser tan descomplicada. Si mi corazón y mi ser no fueran de mi golondrina sin duda alguna Luca hubiera sido perfecto para esa primera vez, sería perfecto para descubrir todo eso que no sabía sin miedo a tener remordimientos. Pero nosotros no podemos elegir a quien querer aunque enfrente tengamos el mejor partido del mundo, el corazón siempre hace lo que se le da la gana. Disfrutamos el helado entre risas y charlas, incluso nos sacamos un par de fotos juntos, yo tenía que presumir esa belleza. Regresamos a la casa. De vez en cuando cruzábamos miradas de complicidad y sonrisas llenas de maldad, pasamos el resto de la tarde juntos riendo y hablando tonterías. En la mañana nos reunimos temprano en la sala ya que ellos se tenían que ir. —Espero que no te pierdas tanto —comentó mamá mientras abrazó a mi tía. —Por supuesto que no, ya verás que pronto volveremos —respondió mi tía. Se dieron un abrazo más, luego mi tía se despidió de nosotras, para ella seguíamos siendo las niñas de la casa. Luca se despidió de todos y yo fui la última. Me rodeó con sus brazos y susurró en mi oreja solo para los dos. —Hasta pronto mi chispita. Recuerda que me debes un dibujo. Me miró y dejó un beso en mi frente. —Hasta pronto Luca. Le regalé una pequeña sonrisa de boca cerrada y él la correspondió antes de cruzar el umbral de la puerta. … Al día siguiente continué con la misma rutina de siempre, levantarme temprano para ir al colegio. Lara me esperaba afuera como siempre lo hacía para irnos juntas. Al verme corrió hasta mí y se colgó de mi cuello saludándome exageradamente como si no me hubiera visto en años. Me dio un pequeño codazo malicioso. —¿Me extrañaste? —me guiñó un ojo—, ¿qué tal tu fin de semana con el nerd? ¿Te enseñó muchas matemáticas? Soltó una carcajada sonora. La miré e hice una pequeña mueca, curvé los labios en una pequeña sonrisa malvada, no pude evitar recordar todo lo que pasó. Ella me miró con curiosidad. —Excelente. No te imaginas todo lo que aprendí. Arqueó una ceja con confusión. —¿Estás enferma? —me tocó la frente. Solté una carcajada. —Es que me enseñó a hacer tareas —me miró como si yo estuviera loca, era obvio que no entendía nada—,por poco me mete las preguntas y yo grité algunas respuestas. Se detuvo y me miró como tratando de entender. Saqué el teléfono y le enseñé la foto. »Te presentó a mi primo Luca, el supuesto nerd. Abrió los ojos como si se fueran a salir de su lugar, me arrebató el celular y chilló. —¡Ale! ¡Oh, por Dios! Ese hombre es un monumento —hizo un puchero —, ¿por qué no me quedé? Empezó a patalear como niña chiquita, guardé mi teléfono y sonreí. Ella me agarró del brazo. —Espera, eso que dijiste de las tareas, ¿qué pasó? Sonreí al tiempo que elevé una ceja con orgullo. Se cubrió la boca callando un pequeño grito. »No me digas que es lo que imagino. Negué y seguí caminando. —Con esa mente tan puerca que tienes no sé que te imaginas, pero… Le conté lo que estuve a punto de hacer. Se quedó con la boca abierta unos segundos, era tan exagerada, sonreía con perplejidad. —No me jodas, Ale, si no hubiera sido por tu hermana te hubieras acostado con ese monumento, no puedo creerlo. Que inoportuna. Aspiré aire bruscamente. —Tal vez, estaba fuera de mí y él se pasa de bueno. Ya ves lo que conlleva un beso y en lo que puede terminar. Pero bueno la vida sigue, y si no pasó entonces no era el indicado. Negó al tiempo que puso los ojos en blanco. Le pasé la mano por el cuello. —Cambiando de tema, quiero que me acompañes a un lugar. Me quitó la mano y frunció el ceño. —¿En serio? Empecé a hacerle ojitos, ella salió corriendo y yo tras ella. El día transcurrió con total normalidad excepto por los benditos exámenes, menos mal había estudiado. Después de salir del colegio tomamos un taxi rumbo a Manhattan, tenía toda la intención de averiguar, ¿quién era él? Continuará…
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