EL MARIDO DE MI HERMANA. CAPÍTULO 11. Empecé a caminar tratando de seguirlo con la mirada, ya que había mucha gente. Justo en ese momento escuché. —Ale, ¿a dónde vas? La miré, ella me miró con un gesto de confusión. »¿Pasa algo? —se acercó y miró siguiendo mi mirada. Volví a mirar, pero ya no había nadie, solo un señor con una gabardina negra y una niña en brazos. Mi cara de decepción era evidente, ¿lo había imaginado? Pero, ¿por qué después de tanto tiempo y así de la nada? Vanessa pasó su mano por mi brazo. —¿Estás bien? Mi corazón se había acelerado por un tonto espejismo de mi cabeza. Sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos y traté de sonreír. —Creí ver a alguien, pero es imposible. Empezamos a caminar. —¿A quién? —inquirió con curiosidad. Sonreí. —A mi golondri

