Tobías necesitaba hablar con alguien, desahorse y de algún modo sentirse apoyado. Por ese motivo se encontraba sentado en la barra de un bar junto a Raúl, su mejor amigo y cuñado. ¿Quién mejor que él para darle un consejo? Por que honestamente se sentía entre la espada y la pared. No quería ser expulsado de su familia, pero tampoco deseaba perder a la mujer que amaba, la mujer que logró cautivarlo con su ternura y simpleza.
—Estoy que explotó, Raúl —bebió se un solo sorbo el contenido de su vaso. —Mi madre quiere que me case...
—¿Casarte? —Repitió Raúl, mirándolo con las cejas alzadas, en un claro gesto de confusión.
—¡Sí! ¡Y con la única hija de los Sepúlveda! ¿Puedes creerlo? Quieren que contraiga matrimonio con la hija del hombre al cual arruiné. —Exclamó Tobias, la angustia y frustración eran palpables en su masculina voz, tomó la botella de whisky y rellenó su vaso una vez más.
—¿Sepúlveda no es el apellido de los propietarios de la empresa qué...? —Sus ojos caoba se abrieron de par en par ante la sorpresa.
—¿Qué hicimos caer? Es exactamente esa y mi madre quiere que me case con la única hija de la familia. —Tobías movía las manos rápidamente, intentando mostrar su furia. —¿Ves lo absurdo que es? ¡Ni siquiera conozco a la niñata esa! ¡Aparte, lo más seguro es que debe de ser una hijita de papi, apenas y tiene dieciocho! ¿Qué clase de esposa será esa mocosa? —Volvió a consumir el contenido de su vaso de un solo sorbo.
-¿No hay nada que convenza a la tía Angeline de lo contrario? Quizás si dejas de alterarte y hablas calmadamente con ella pueda cambiar de opinión. —Palmeó el hombro de su amigo con cariño.
—No, dijo que me quitaría el apellido y se aseguraría que se me cerraran todas las puertas —gruñó el moreno y se giró para mirar fijamente a los ojos así marido. —También dijo que te daría el puesto a ti, que a ti tampoco te parece mi relación con tu hermana... —Arrojó cuidadosamente aquél comentario, estudiando el rostro de su amigo. Raúl ni se inmutó por el escrutinio y solo suspiró, parándose y acomodándose su traje.
—Eres como mi hermano, Tobías, por eso mismo siempre fuí bastante honesto contigo. Jamás he estado de acuerdo con la relación que sostienes con Sarah. Esa relación no tiene futuro y lo sabes. —Dijo Raúl con suavidad.
—¿Ah, no? Jamás me has explicado tus razones para pensar de esa manera. —Respondió Tobías, cruzándose de brazos en un claro gesto de molestia.
—Sarah es frágil y siempre he creído que le romperás el corazón. Ella no está ni emocional ni físicamente preparada para ser tu esposa —el moreno lo miró con la boca abierta. —Desde que comenzaron a salir jamás han estado a solas, lo único que se dan son besos castos y comparten un par de horas a la semana, si se casan ¿crees que las cosas seguirían igual? ¡No seas ingenuo, Tobías!
—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Le he dado mi vida a tu hermana y lo sabes! —La voz se le quebró.
—¡Ni siquiera la conocías cuando te dijiste enamorado, Tobías! Siempre he visto como te has encaprichado con las cosas, intentando conseguirlas y luego aburriéndote, no te confundas, eres excelente en los negocios, avanzas más rápido que otros, pero temo que hagas lo mismo con Sarah. No querría tener que odiarte por ello, por que si debo de elegir entre mi hermana y tú, mi elección es bastante evidente.
—Amo a tu hermana, Raúl, no voy a dejarla ni mucho menos a aburrirme de ella, la haré mi esposa algún día, eso te lo aseguro. —Confesó con seriedad.
—¿Y cómo piensas hacer eso si te vas a casar con Rayen Sepúlveda? —Arqueó una de sus cejas.
—Sencillo —replicó Tobías, encogiéndose de hombros. —Haré que Rayen me odie tanto que suplicará por que firme el divorcio. Haré de su patética vida a mi lado un completo infierno y deseará nunca haberse casado conmigo. —Raúl lo miró fijamente, completamente incrédulo.
—¿Por qué le harías eso a alguien que no te ha hecho nada? Tú mismo lo dijiste, es apenas una chiquilla y al igual que tú está siendo obligada. —Su expresión tensa denotaba molestia.
—No soy estúpido, Raúl —bufó el moreno, —obviamente Rayen sabe quién soy y ahora que ellos están en bancarrota, solo están buscando nuestro dinero, no es que la niñata esté enamorada de mi o algo parecido. —El pelirrojo negó con la cabeza.
—Eso no lo sabes y no puedes juzgarla sin conocerla. —Replicó.
—No tengo que hacerlo, es simple lógica, Raúl. ¿Por qué más se casaría con un extraño si se supone que tiene todo el dinero que necesita? No, Rayen es una oportunista que viene en busca de la fortuna de mi familia y se la voy a poner muy difícil. De mí no verá un solo peso.
A Raúl no le gustaba el brillo malicioso y oscuro que tenían los ojos de su amigo, uno de las mayores cualidades de Tobías era cuán apasionado podía ser cuando se proponía algo, siempre que ponía el ojo en un negocio, entonces se movía hasta conseguirlo, ya sea tratando directamente con el cliente o moviéndose a través de otros, atrapándolo, por eso era tan exitoso, tomaba los riesgos necesarios. El problema era que esa también era su debilidad, cuando alguien tenía la mala suerte de entrar en su lado oscuro, Tobías arrasaba con esa persona, derrumbándola y destruyéndola sin la menor piedad. A Raúl le parecía injusto que su amigo juzgara a alguien que ni conocía, que bien podían ser sus motivos muy diferentes a lo que Tobías pensaba.
—Es tu decisión —suspiró finalmente, pasándose una mano por el cabello y encaminándose a la salida. —Pero creo que cometes un gran error. No es justo que descargues con ella tu falta de hombría. Te veré luego, Tobi. —Tobías no le prestó atención a la ida de su amigo, sus pensamientos fijos en lo que le haría a la idiota de Rayen cuando estuviera bajo su poder.
Si está niñata creía que su vida se había arreglado, entonces que pensara de nuevo, porque Tobías era un amigo envidiable pero de igual modo, un enemigo formidable.