Bambam me ofreció una cerveza. De no ser porque la puso frente a mis ojos, no lo hubiese oído. Con mis manos entrelazadas a la altura de mi boca y sin la intención de hacer que mis piernas dejaran de temblar, esperaba sentada que Jaebum volviera a llamar. — ¿Puedes calmarte? Nada malo va a pasarle. —Miré a mi mejor amigo buscando tranquilidad pero él caminaba de lado a lado y revisaba su celular tantas veces como yo. — Jaebum no es el tipo de hombre que te llama luego de una discusión para decir que me ama y luego corta. Algo no está bien. Los nervios aumentaban cada minuto que pasaba. Pronto caería la noche y seguía sin saber nada de él. Intentaba llamarlo cuando llegó a la casa. Corrí a abrazarlo, nunca me había sentido tan aliviada. — ¡Dios mío! ¿qué sucedió contigo? Te ves... ¿por

