Estamos todos de pie en frente de la casucha. De repente el aire de ha puesto más helado que antes y los árboles se ven más grandes desde aquí. Un escalofríos me recorre el cuerpo y tengo que respirar muy hondo para no entrar en pánico. Mis compañeros se mantienen en silencio hasta ahora; sus miradas están fijas en la madera descuidada y las paredes desteñidas. Intento alzar la vista para mirar al interior por la ventana porque no sé si me atrevo a acercarme más; pero el interior está oscuro y no me deja ver bien. Las flores marchitas se apilan abajo del suelo y los árboles luchan por subir por los pedaZos de madera y llegar al techo- si es que se le puede llamar techo a unas cuantas tablas descuidadas y podridas. El moho y los hongos se dejan ver por entre medio de las piezas del mar

