Quien viera hace un par de días al gran empresario Osman Murak y quien lo viera ahora, pensaría que había estado delante de dos personas totalmente diferentes. El hombre de antes era una persona con una gallardía y un orgullo admirable, un hombre que no se dejaba, capaz de dominar al mundo entero desde su posición. Pero quien lo viera ahora, solo vería a un hombre totalmente destruido, acabado, un hombre devastado por no tener ni puta idea de dónde estaba su hija. Si su hija no aparecía, si no lograba encontrarla destruirá la poca fe que quedaba en él, porque acabará con todo y con todos, el mundo entero pagará por arrebatarle a su única hija, lo hará, de eso estaba seguro. Una vez se la arrebató a su madre, pero ahora no sabía contra quien luchar, no tenía idea de quien se la había l

