Logan estaba haciendo abdominales en su celda, era la única forma que tena de controlar su rabia, no sabía cuántos llevaba, los hacia hasta quedar agotado y no pudiera moverse, solo así podía quedarse dormido, de lo contrario volvían los recuerdos de lo que había sido, la culpa, por lo que había hecho y la impotencia por estar encerrado. — ¡Araya, tienes visita! —informó el policía abriendo su celda. —No quiero ver a nadie, ¿quién es? —Preguntó confundido, ojalá y no fuera Marcelo, no quera que lo visitara, ya se lo había dicho, pero como nunca hacía caso. —Yo aquí estoy para vigilar, no para darte información, averígualo tú mismo. —contestó al tiempo que le ponía las esposas. —Logan se acercó a la sala de visita con sigilo, si no era Marcelo debía ser el abogado, pero cuando miró el

