Sólo eso. Pero es suficiente para destruir las posibilidades de alcanzar los logros deseados en cualquier empresa. -¡No tengas temor pasar por esto Ana María! -Muchas gracias, tomaré en cuenta lo que me dices El golpe era serio. Pero María Elvira no pensó en contestarlo, contentándose con mirarme un instante más y apartar la vista con una corta sacudida de hombros –Vamos –me dijo bruscamente–. Quiero bailar este vals. –Es justo –me levanté–. El sueño de vals que bailábamos no tiene nada de divertido. No me respondió. Mientras avanzábamos al salón, parecía buscar con los ojos a alguno de sus habituales compañeros de vals. –¿Qué sueño de vals desagradable para usted? –me dijo de pronto, sin dejar de recorrer el salón con la vista. –Un vals de delirio… No tiene nada que ver con e

