suspendida sobre la costura, como si hubiera sido dejada un momento antes. No había la menor señal de lucha ni de pánico, todo en perfecto orden. Y faltaban todos. ¿Qué pasó? La noche que aprendí esto estábamos reunidos en el puente.Ibamos a Europa, y el capitán nos contaba su historia marina,perfectamente cierta, por otro lado.La concurrencia femenina, ganada por la sugestión del oleaje susurrante, oía estremecida. Las chicas nerviosas prestaban sin querer inquieto oído a la ronca voz de los marineros en proa. Una señora muy joven y recién casada se atrevió: –¿No serán águilas…? El se sonrió bondadosamente: –¿Qué, señora? ¿Aguilas que se lleven a la tripulación Todos se rieron, y la joven hizo lo mismo, un poco cortada. Felizmente un pasajero sabía algo de eso. Lo miramos curiosame

