No soy fan de la navidad, podría decirse que no me gusta demasiado, la culpa no es de las luces que iluminan las calles o los decorados, tampoco es por el olor a galletas recién hechas y mucho menos es por la cena familiar que suele no terminar bien en ocasiones; en realidad nada de eso me molesta. El problema realmente es que, durante esos días se me hizo tradición estar de luto porque mi padre ingreso al hospital con la terrible noticia de que no iba a volver a su casa nunca más. Sí, mi padre murió en la época navideña, por lo cual mi madre en lugar de estar feliz o llena del espíritu navideño, cada año se la pasaba llorando y recordándome de muy mal modo que yo no debía estar feliz por nada del mundo, pues nos había dejado el hombre que ella amo más que a nada en la vida. Cuando cumplí
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