Acabamos de llegar a casa después de dejar a la tía María en la suya, aunque insistimos en que viniera a quedarse con nosotros. Respetamos su voluntad, pero dejamos claro que sería bienvenida en cualquier momento, si quería venir a estar con nosotros. — ¿Usted cree que no sé que fue tras de ese chico, verdad? — pregunto, tratando de sonar reprochadora, pero fallo al reírme de su expresión de sorpresa. — Ya sabía que ibas a hacer eso y realmente no le estoy dando mucha importancia, se lo merece. — Digo, enrollando mis brazos alrededor de su cuello y quedándome de puntillas para alcanzarlo, donde respiro, sintiendo ese olor agradable de mi macho. Le doy unos mordiscos por toda esa extensión y veo su piel instantáneamente erizarse. Me encanta ver cuánto puedo afectarlo solo con simples toq

