Tan pronto como estaciono, cuán es mi sorpresa al avistar tres coches, que por cierto son muy conocidos por mí, parados frente al castillo. Salí del coche para abrir la puerta para mi princesa, pero apenas alcanzo el otro lado y esta se abre, revelando una cabellera rubia y ojos azules curiosos mirando los coches allí presentes. — Tenemos visitas, ¿verdad? — pregunta, irónica, riendo al darse cuenta de que, consecuentemente, nuestro plan de tomar un baño de tina está arruinado por ahora. — Desafortunadamente... — murmuro, ya encontrándome con la familia, a saber, tía María y Pietro, seguidos de los Collins y mis padres, con un Enrique entusiasmado, saliendo. — ¡Grupo de amargados! — ¡SCALET! — rápidamente mi princesa es abrazada de forma rápida, pero cuidadosa, por Enrique, en un abra

