—¿Entonces soy Cedrica? —pregunta detrás de mí con su voz áspera y gruesa. Me giro para verlo sin ninguna sonrisa en mis labios—. Y me visto como niño, sin mencionar que huelo como uno… —¿Qué se supone que le iba a decir, Cedric? —bufo—. Es un niño muy inteligente y jamás me había visto llegar a casa con ropa “rara” —Para mí, te veías bien. Incluso, olías bien. —Olía a ti, Cedric—espeto, cruzándome de brazos. —Perfecto para mí. Ruedo mis ojos y decido cambiar el tema de manera muy directa. No conozco del todo a este nuevo Cedric, pero sí sé leer muy bien su lenguaje corporal y estoy muy segura que algo le está pasando. —¿Estás bien? Lo miro fijamente a los ojos. —Sí. Veo cómo endurece sus facciones, como se tensa su mandíbula. Y levantando su vaso, se toma de un tirón el líquido.

