—Era de mi abuela, mi madre me lo dio, para mi prometida, desde entonces lo tengo guardado. Es como el anillo de la familia, me tocó a mí. —Debería ser para tu prometida entonces, además debe costar una fortuna —dijo Paula, sorprendida, y arrepentida de haberlo aceptado. —. Pensé que recién lo compraste o que se yo. —Sí, cuesta una fortuna... —¿Qué? No puedo tener esto —Intentó quitárselo pero Edward la detuvo. —Prometiste no quitártelo —Le recordó. Paula lo miró a los ojos. —Pero, no puedes hacer eso, esto debe ser para tu futura esposa, yo no puedo aceptarlo. —Eres la madre de mi primer hijo, quiero que lo tengas. No hay nadie mejor, no soy digno de ni siquiera poder estar halando contigo. Eres la persona más increíble que he conocido en toda mi vida, y te mereces mucho más

