Era el momento de saber la verdad, ya bastaba de mentiras y de sufrimiento, por todo lo que he pasado. - Verás, Emma… - Te escucho. - ¿Te acuerdas de lo que te dije en el hospital? Me hiciste una promesa. - Sí, lo recuerdo, pero… - Escúchale –Tamy me sujetaba las manos fuertemente, podía sentirla más nerviosa que yo. - Vale, sí. James se sentó en un sillón que estaba delante de mí, cogió mi mano y me miró a los ojos. - Tú eres mi hermana, Emma. Sentí una puñalada en la espalda, esto no era real, no era verdad, no podía ser cierto. - ¿Qué? –solo pude decir eso, le quite mis manos y me levanté del sofá. - Emma, siéntate. - No, no –daba vueltas en el mismo lugar. – Me estás mintiendo, eso no es posible

