—Pues porque es un problema —no sabía cómo no lo veía, la verdad. Me dispuse a darle explicaciones—. Si me siento atraída por ti, y sigo pasando tiempo contigo y vamos a cenar y nos sentamos juntos a desayunar, o aquí mismo en la piscina, y hablamos, sobre todo si como ahora mismo no tienes ropa encima, es probable que no pueda contenerme y actúe. —¿Y actúes? ¿Cómo? ¿Vas a tirarte en plancha encima de mí? — preguntó, partiéndose de risa. Le hacia gracia mis argumentos, por lo que parecía. Crucé los brazos sobre el pecho, y esta vez fue él quien me miró el escote, y no se cortó ni un pelo. —Pues a lo mejor sí. No parece que tenga mucho autocontrol últimamente. Pero además, no quiero perdonarte fácilmente. Estas vacaciones son para descansar, no para estar todo el día alterada. —O sea,

