Intenté hablar un par de veces pero no me salían las palabras, hasta que pude decir débilmente. —Benjamin … —¿Sí? —¡Benjamin ! —grité, y entonces fue cuando empezó a moverse, despacio, entrando y saliendo, y se me nubló la vista. Gemí y grité, descontrolada, sin saber lo que estaba diciendo. Benjamin sí, Benjamin por favor, Benjamin más, más fuerte. Todo eso dije, o más bien grité, una y otra vez, en cada embestida, cada vez que le sentía dentro de mí, retirarse y entrar, una y otra vez, volviéndome loca, mientras pensé en un momento dado que si una podía morir de placer no me quedaría mucho, pero que no era una mala forma de morir, tampoco. —Por favor, Benjamin , más… más deprisa. —¿Más deprisa? ¿Estás segura? Aumentó la velocidad, la potencia, y empecé a ver las estrellas. —¡Ah! ¡

