—Sé que a esa edad las emociones se apoderan de nosotros y, a veces, cuando se aplica presión externa en el lugar correcto, tomamos decisiones y actuamos de una manera que de otro modo nunca lo haríamos. Cometiste un error, uno grande. Mentiste. Para mí sí, pero más importante aún para tu madre. Sé por tu primera llamada cuánto te pesa eso. Y lo que me parece alentador es que, aunque tomó más tiempo del que nos hubiera gustado, usted admitió su error. Ahora viene lo difícil—, dice con una sonrisa vacilante. —Asumir la responsabilidad—. —Tengo que decir que lo estás tomando mejor de lo que esperaba—, le digo. —No te culparía por estar más en el lado iracundo de las cosas—. —Admito que mi reacción inicial fue de sorpresa. Quizás después vino un poco de ira. Luego pensé en lo que hacía cuan

