Mientras Ji-Ho se reencontrará con una parte de su familia que tenia años sin ver y Charlotte agradecía a Dios, poder encontrar el riñón que su hijo necesitaba, Zac no estaba pasando por un buen momento. Como anteriormente había pasado, le habían hecho la intervención sin anestesia y sus gritos no ablandaron el corazón de alguno de los presentes. Aunque eso no era sorprendente. Ya que, la orden de Pelletier era clara: hacerlo sufrir sin que muera en el proceso y eso era lo que debían cumplir si no querían ocupar el lugar de Zac Clein. En Canadá, desobedecer a Pelletier no está permitido y es por ello que, aunque les causa malestar escuchar el grito de Zac con cada toque, no pueden hacer algo al respecto. — ¡Son unos asesinos, no unos doctores! — grita Zac Clein enojado y con mucho dolor

