Por más que abanique mi rostro, no puedo bajar su calentura. Por lo que, corro a la cocina y mojo mi rostro con el agua mientras mi pequeño me dice de todo lo que encuentra. Rápidamente busco una toalla y seco mi rostro con ella, para después abrir la ventana de la sala y respirar un poco del frío aire de Toronto. Hacer ello me hace estornudar y lo que quería como algo que me calme, termina siendo un remedio caro ante la enfermedad. — No puedes abrir esas ventanas a menos que sea verano o el frío podría jugar en tu contra — comenta Ji-Ho detrás de mí. — Oh, sí. Ya lo entendí — digo para después sentarme en el sofá. — Mamá, mi papá dice que en el edificio hay piscina y parques — dice Kang emocionado. — Sí, eso es bueno. Pero antes de pensar en ello, primero debes estar mejor de salud

