―No se preocupe, en breve lo limpiarán, y bien, dígame ¿cómo lo ha sabido? ―¿El qué? ―volví a preguntar, entendiendo ahora que se trataba del caso del que hace ya horas le había compartido mi sueño. ―¿Cómo ha sabido sobre el lugar donde la echó? ―No lo sé, sólo le comenté lo que vi. ―Nos ha llevado varias horas y la ayuda de varios expertos en acotar el área, en función de la velocidad, el modelo y el peso del vehículo. ―¿El qué? ―pregunté asombrado. ―Claro, ¿cómo cree que hacemos las cosas?, aquí no dejamos nada al azar. Localizar al sospechoso fue fácil, usted nos dio su nombre y su profesión, prácticamente nos condujo a él. Luego registramos su casa y no encontramos nada, mientras buscamos su coche, y casualmente lo tenía en el taller, por no sé qué problema en los amortiguadores.

