―Lo sabemos y por eso le hemos tratado de buenas maneras, no crea que siempre somos así ―dijo uno de los que me habían metido a la fuerza que se había sentado en el asiento del copiloto. ―Todavía no me han dicho quiénes son ni qué es lo que quieren ―protesté viendo como el vehículo iniciaba su marcha sin que nadie se hubiese percatado de aquello. ―Todo a su tiempo ―dijo la mujer. En ese momento, sin saber cómo ni por qué, quizás motivado por la tensión que estaba viviendo, quizás porque me sentí como encerrado y claustrofóbico, no sé por qué, pero empecé a respirar con dificultad, parecía que me faltaba el aire, sentía ese cosquilleo de las manos que me precedía a la tormenta eléctrica cuando sufría un ataque, me sentía ahogar, cuando de repente, todo quedo en blanco. ―¿Está bien?, ¿es

