Ambas nos observamos, mamá con una taza de café en sus manos, yo con una de té, ambas sentadas en el jardín. Decidida le conté todo lo que ocurre con Illán, ella con paciencia me escucho, ni siquiera una sola palabra ha salido de su boca, ni siquiera para interrumpirme. No quiero estar a escondidillas, sé que esto será un trago amargo para muchos, pero quiero estar con Illán, obvie todo lo de ese loco compañero llamado Liam, para ser honesta no quiero preocupar a mamá. Extiende su mano y toma la mía, sus ojos me miran fijamente, una sonrisa de boca cerrada y un asentimiento. –Tú, sabrás hacer las cosas hija, has cambiado, tanto física como mentalmente, no eres la misma Lucia de hace cuatro años más, sabes dónde estás de pie, sabes dónde te llevaran tus decisiones, sabes lo que haces Luci

