Al parecer seguía dormida, ahora podía sentir su respiración pesada contra mi piel y llevé mis dedos a su cabello, peinándolo. Quería mantenerme despierta, pensar en cualquier cosa para no quedarme dormida allí mismo. El valor de su cuerpo, el aroma de su perfume y su brazo que insistía en mantenerme firme contra ella hicieron que terminara rindiéndome y cerrando los ojos. ¿Desde cuándo me gustaba dormir con alguien? Unos largos dedos acariciaban con suavidad la piel de mi trasero y fue ahí cuando abrí los ojos, dándome cuenta de que me había quedado dormida. Abrí los ojos asustada, intentando pensar una excusa rápida para decirle que me había metido a su cama a mitad de la noche porque la quería tener cerca. Miré hace a abajo y la vi a ella con los ojos cerrados, su respiración aún se

