3. Enfrentamientos y amenazas

3055 Palabras
  Salté de la silla ante su furioso tono, estaba tan molesto, irradiaba ira de su cuerpo. Mi piel palideció, mirando como él trataba de no saltar sobre mí. No me esperaba una sonrisa y su entendimiento absoluto, pero tampoco pensé que su reacción fuera ésta, que me corriera sin siquiera preguntarme más sobre su hijo. Quería correr lejos de aquí, pero me obligué a quedarme sentada en la silla por Mathy, él necesitaba un padre.    Él necesitaba a Nathan.   —Nathan por favor escúchame...   —¿Qué pensabas? —preguntó gritando—. ¿Qué podrías venir aquí y decirme que tienes un hijo mío y yo te abrazaré y te diré que todo está bien? ¡No soy tan estúpido Eve! ¿De quién fue la idea? ¿De tu padre o tuya?   —No sé de qué me hablas —mi voz era suave, ronca y asustada.    Nathan se levantó de su silla, pero no vino hacia mí, se quedó dónde estaba.   —Por supuesto, como tu padre no tiene nada de dinero y debe hasta su maldita alma, envió a su rebelde hija a buscar al chico vago con quien tuvo un romance hace cinco años. ¿Crees qué sería fácil engañarme?    Me di cuenta con horror que Nathan creía que mi padre me había enviado para sacarle dinero haciéndole pasar por el padre de Mathy. Era cierto que parecía muy conveniente, pero el dinero de Nathan no tenía nada que ver con esto, lo hubiese buscado aún si siguiera siendo un mecánico, no quería sacarle dinero. Sólo quería que conociera a su hijo, quería dejar de sentirme culpable por haberle ocultado la existencia de Mathy por tantos años.   —Tú dinero no tiene nada que ver en esto, no lo quiero —dije levantándome también, Nathan río sin humor, más bien con ira en su tono.   —Eres una perra mentirosa. Hace cinco años me dejaste porque tu padre no te quería conmigo, ¿y ahora quiere que me haga cargo de un supuesto niño?   —Mi padre no tiene nada que ver en esto, ya te dije. Él ni siquiera sabe que estoy aquí.   —¡Deja de mentir! Y vete antes de que llame a seguridad y te saquen de aquí — pidió golpeando su escritorio para dar énfasis.   —No me pienso mover hasta que me creas.   —Mi madre tenía razón, sólo quieres el dinero, por eso me dejaste —murmuró para sí mismo.    Mis manos temblaban, estaba tan furiosa como él. Hasta que me di cuenta de que esto era mi culpa, yo no tenía derecho a enojarme, yo lo había apartado de su hijo, yo fui la que no quise saber de su existencia, era justo que él dudara de mí. Aunque eso no evitaba su odio doliera.   —Nathan por el amor que tuvimos, por favor créeme, por favor —supliqué.   —Tú no sabes nada de amor. —Él me miró con resentimiento. — Me dejaste por petición de tu padre, nunca más me buscaste o intentaste contactar conmigo. Justamente cuando mi carrera está en su mejor momento y tu padre en el peor, vienes a decirme que tienes un hijo mío. Definitivamente Eve, te creí más inteligente. Tengo que lidiar con examantes que juran estar embarazada de mí todo los días.   —Sí, me imagino, pero yo no soy ninguna de ellas. Mathy ha estado preguntándome por ti tan insistentemente que no tuve más opción que decirle la verdad. Vinimos aquí a buscarte, él quiere conocerte.   —Vete, no te lo repetiré.    Sabiendo que él no me creería si no le mostraba la foto, asentí en silencio y saqué la foto de Mathy más reciente; salía sonriendo a la cámara con un sombrero de fiesta, sus ojos grises y su sonrisa tan parecida a la de Nathan que me parecía era la perfecta. La dejé sobre su escritorio, pero él ni siquiera la miró.   —Está bien. Solo mira la foto, averigua si quieres, te darás cuenta de que no miento —le dije con resignación—. Detrás de la foto está mi número, si aceptas que Mathy es tu hijo puedes llamarme.    Me di la vuelta, no esperando su respuesta. Salí del edificio con lágrimas derramadas en mis mejillas, odiaba todo lo que me estaba pasando.    Cuando llegué al apartamento ya había limpiado mis lágrimas. Abrí la puerta y casi de inmediato Mathy vino corriendo hacia mí, saltó a mis brazos y tuve que cargarlo. Me dio un beso en la mejilla como lo había enseñado. Sus ojos me miraron esperanzados.   —¿Has hablado con papi? —preguntó suavemente. Eso llamó la atención de Gina, que estaba sentada en el sofá con su portátil en el regazo.   —Sí —las lágrimas llenaron mis ojos—. Él tiene que pensar mucho, está muy confundido al saber que tiene un niño tan especial como tú.   —¿No me quiere? —Su pregunta llena de desilusión hizo que mi corazón se partiera, una lágrima cayó por mi mejilla. Mathy la quitó con su pequeña manito. No sabía que decirle, no sabía qué hacer. ¿Cómo decirle a un niño de cuatro años que su padre no está seguro de si es su hijo? ¿Cómo hacer para que entienda las circunstancias? Nathan podía herirme todo lo que quisiera, pero no soportaba cuando Mathy sufría por mis propios errores, él no se lo merecía.   —No es eso cariño, tu papi te quiere. Solo está enojado conmigo, pero pronto lo conocerás —le prometí a Mathy y me prometí a mí misma hacer todo lo que estuviera en mis manos para que Nathan aceptara a Mathy—. Mejor ve a ver la televisión porque voy a hacerte comida. Y no veas la misma película tantas veces, la aburrirás.    Solté a Mathy y él corrió hacia el sofá donde se sentó y puso la televisión. Gina se levantó y vino directamente hacia mí con una mirada de simpatía, me abrazó fuertemente. Cuando me soltó, limpie mis lágrimas tratando de que Mathy no me viera.   —Todo esto es mi culpa —le dije con rabia—, no debí huir hace cinco años y ahora lo estoy pagando.   —Tuviste tus motivos —dijo Gina defendiéndome—, vamos a la cocina y hablaremos.    La seguí hasta la cocina, que estaba impecable. Gina trabajaba en una cafetería, en realidad ella era la dueña y jefa del lugar. No tenía necesidad de trabajar, pero amaba lo que hacía, y a su padre no le molestaba con tal de que trabajara en algo. Ya habíamos hablado sobre mi puesto allí, me gustaban las cafeterías así que sabía que iba a disfrutar mucho trabajando. Le di una sonrisa y me senté en uno de los taburetes mientras ella comenzaba a preparar el café.   —¿Podría comenzar a trabajar contigo lo más pronto posible?  —pregunté después de varios segundos de silencio.   —Claro, aunque no creo que sea necesario, cuando Nathan se dé cuenta de que Mathy es su hijo seguramente querrá que vivan en un palacio —ella puso los ojos en blanco—. Ya sabes.   —Sí es que lo acepta —miré mis manos—. No sé lo que hará, se puso tan furioso Gina, me dijo que era una zorra mentirosa, me trató como una interesada. Dijo que había aparecido justamente cuando estaba en su mejor momento, él cree que hice un plan con mi padre para quitarle dinero, eso es lo menos que me importa.   —Trata de entenderlo Eve —Gina tomó dos tazas y echó el café—. Ha pasado mucho tiempo, y las cosas han cambiado demasiado.   —Lo sé —acepté la taza que me dio—-. Le di una foto de Mathy, la más parecida que tenía a él. Espero que vea lo iguales que son.   —Debes tener cuidado. Nathan ya no es el chico mecánico del que te enamoraste, ahora es un empresario muy rico, más de lo que fue tu padre.   —Lo sé, pero Mathy quiere un padre y es justo que Nathan conozca a su hijo.    Mi celular sonó, haciendo que saltara de la silla y quemara mi mano con café, tomé el teléfono con la mano no quemada y metí mi mano lastimada debajo del chorro de agua. Cuando contesté el teléfono, mi voz era irritada y dolorosa.   —¿Hola? —pregunté a nadie en especial.   —Ven mañana en la mañana, no llegues tarde —la voz de Nathan me heló la sangre, no tanto por la sorpresa si no por la frialdad en su tono. Colgó, dejándome con la boca abierta.   —¿Estás bien, Eve? —preguntó Gina detrás de mí—. ¿Quién era?   —Nathan— susurré—, y quiere verme.                                                                                                          ***         A la mañana siguiente me duché muy temprano, me vestí con un vestido gris por encima de las rodillas. Me di cuenta de que había sido buena idea que hubiese ido de compras, atrás había quedado el tiempo en donde iba de compras con mi hermanita y mi madre sin preocuparnos por las cuentas. Loren no era pobre, pero tampoco rica, su marido era Venezolano por eso se había ido hasta allí a vivir, pero no tenían la fortuna con la que una vez había contado mi padre.    Me puse unos tacones y dejé mi cabello suelto. Me maquillé como normalmente, pero estaba tan nerviosa que había manchado mi mejilla de rojo cuando me pinté la boca, y había limpiado mis ojos porque había regado de delineador. Cuando al fin termine le pedí a Gina que me avisara si pasaba algo con Mathy, él no quería que me fuera, quería que paseáramos por la ciudad, pero esta vez no podría.    Cuando salí del edificio, Gina me deseó buena suerte y Mathy me dio su jugo por el desayuno. No recibí ninguna llamada ni mensaje de Nathan, pero cuando entré en el edificio la chica morena no me preguntó nada, solo me dio un pase de visitante con un saludo amable. Hoy se veía menos nerviosa.    Cuando llegué al piso veintisiete la rubia tampoco me puso mucho problema, me dijo que esperara cinco minutos. Me senté en uno de los sofás, ella me ofreció algo de tomar, pero la rechacé. No había desayunado hoy, no creía que podría meter algo en mi estómago.    Las puertas se abrieron y de allí salió una chica con ojos llorosos, tenía un carnet encima de su camisa, pero parecía más bien como si ya no formara parte de la empresa. Limpió su cara y me dio una mirada de simpatía, la rubia la despachó rápidamente y centró su atención en mí.   —Ya puede pasar —dijo con voz aburrida y monótona.    Me levante y alise mi vestido.   —Gracias.    Cuando abrí la puerta vi a Nathan mirando la ventana, la vista me sorprendió de nuevo, el paisaje era hermoso. Pero me llamó la atención su espalda, sus músculos marcados aun en su camisa, más abajo su trasero bien formado y sus piernas tonificada. Nathan siempre tuvo buen cuerpo, pero ahora, con los años encima se veía maduro y atlético. No me extrañaba que las mujeres quisieran darles un hijo, él era el paquete perfecto.   —Hola —saludé con un hilo de voz. Nathan tomó un segundo antes de darse la vuelta, dejando ver sus hermoso rostro.   —¿Si es cierto que es mi hijo por qué no me dejaste saberlo? —preguntó directamente. No me senté, sino que hablé de pie.   —Mi madre fue la que notó que podría estar embarazada, tenía nauseas, dolores de cabeza y mi periodo se había atrasado. Yo nunca imaginé que algo así podría pasar, siempre nos cuidamos, sobre todo porque yo no había tenido a nadie más. Mi padre se enfureció y entristeció mucho, me envío a Venezuela, y ni siquiera me llevó el mismo. Mandó a un chofer a que me llevara al aeropuerto, cuando iba pasando por tu casa, me di cuenta de que no podía ocultarte esto, me bajé del auto y me encontré a tu padre en la puerta. Él me dijo que tu no estabas, que te habías ido a casa de tu madre, cambié de opinión.   <<Tú estabas tratando de hacer una nueva vida, no era justo que yo te hiciera daño de nuevo, no podía amarrarte a mí. Y eso haría Mathy, te hubiese amarrado, con el tiempo me hubieras odiado y sobre todo, mi familia jamás hubiese permitido que tú y yo formáramos una familia. Lo mejor era que me quedara en silencio hasta que fuera el momento más apropiado.    Nathan se sentó y paso sus manos por su cabello en evidente frustración, apoyó sus codos en su escritorio y me miró directamente a los ojos. Nos quedamos un rato así, Nathan sabía que yo no mentía, lo vi en sus ojos cuando suspiró y habló.   —Mi hombre de seguridad se encargó de investigar —dijo, tomando su celular y jugando con el aparato—. Mathy aún no tiene cinco años, los cumple en un par de meses.   —Si sacas cuentas te darás cuenta de que los meses están correctos, y el parecido de Mathy hacia ti es increíble. Se que no debí ocultártelo...    Mis palabras encendieron la ira de Nathan.   —No, no debiste ¡Maldita sea! ¿Sabes lo que me perdí de mi hijo? —su voz era alta y enojada, a pesar de que estaba en unos tacones de diez centímetros y de pie su voz me intimidaba, tenía la impresión de que intimidaba a todo el mundo—. No puedo devolver el tiempo para ver sus primeros pasos, la primera vez que dijo una palabra, en su nacimiento. ¡Ni siquiera estuve para su primer día de escuela! Tú me quitaste eso.   —Yo tampoco puedo devolver el tiempo, si no, hubiera hecho las cosas de otra manera —le respondí, orgullosa de que mis palabras no me fallaran—. Si quieres ver a tu hijo solo dime cuando y donde, no alarguemos más esto Nathan.   —Me pagaras el haberme quitado a mi hijo —amenazó Nathan haciéndome estremecer—. La única razón por la que no te mando a mis abogados es porque al menos decidiste decírmelo, pero eso no te salva de mí, si lees la prensa te darás cuenta de que con Nathan Connors no se juega.   —¿No piensas quitarme a Nathan verdad? —pregunté con miedo y terror en mi voz.    Las lágrimas querían derramarse, no soportaría vivir sin Mathy, él era toda mi vida y haría lo que fuera para que no me lo quitaran. Sí Nathan decidía arrebatármelo, haría lo que fuera, me escaparía de ser necesario. Mi hijo era toda mi vida, y no soportaría estar lejos de él.    Nathan me miró curiosamente, casi pude ver una sonrisa en su rostro, pero no estaba segura. Negó con la cabeza, sin dejar de mirarme.   —No, no lo haré. Sé que Mathy necesita a su madre, pero tampoco te emociones demasiado. Te haré pagar por lo que me hiciste Eve, de alguna u otra manera lo harás.    Mi boca se secó ante su amenaza, aun así, por fuera no hice nada, cuando lo único que quería era correr y meterme debajo de una mesa como la cobarde que era. A esto me enfrentaba por no haber sido lo suficientemente madura cuando debí.    Un golpe en la puerta me detuvo de hablar, tampoco era que fuera a decir algo amenazante. Aquí quien amenazaba era él, estaba tratando de ponerme en su sitio. Si me hubieran ocultado a mi hijo también estaría enojada como el demonio, los ricos sinceramente apestaban.   —Adelante —ordenó Nathan apartando su atención de mí.    La puerta se abrió, cuando miré me encontré con un hombre muy atractivo, sus ojos verdes se posaron en mi curiosamente. Frunció sus labios y miró a Nathan, él también estaba bien vestido, llevaba unos papeles en sus manos. Tendría unos veinti tanto o treinta pocos.   —No sabía que tenías compañía —informó el joven con una media sonrisa, Nathan no se la devolvió—. Vengo a darte el informe que me pediste. Subrayé un par de cosas a tomar en cuenta.    Nathan lo tomó y asintió hacia mí. — Ella es Eve Sanders, la madre de mi hijo.    Vi la conmoción en la cara del hombre, sus ojos se abrieron como platos y miró a Nathan, seguramente mirando síntomas de una broma, pero él estaba completamente serio. El hombre me miró a mí de nuevo, y repasó su mirada por mi cuerpo de forma extraña.   —¿Qué demonios? — preguntó—. ¿Ella es tu Eve Sanders?    Mi sonrojo hizo sonreír a el hombre. — No es mía, es la madre de mi hijo. Eve él es Carter, mi mejor amigo y compañero de trabajo.   —Tu único amigo en realidad —corrigió Carter con una sonrisa, se acercó a mí y me tendió su mano. La acepté—. Es un placer conocerte Eve, me han hablado mucho de ti.   —¿Ah sí? —pregunté mirando a Nathan en su lugar, pero él estaba ignorándome—. Es... Extraño.    Carter río, dándose cuenta de mi confusión. Se encogió de hombros y miró a Nathan. — Espero conocer tu hijo pronto, necesitas a alguien por quien ser responsable —Carter me miró de nuevo con una sonrisa—. Nos vemos Eve.   —Adiós.    Cuando Carter se fue cerrando la puerta suavemente detrás de si, Nathan dejó los papeles en su escritorio y se levantó, tomó su chaqueta y comenzó a ponérsela. Lo miré con el ceño fruncido, tratando de no mirar como una boba su cuerpo, no creía que pudiera seguir deseando a este hombre después de cinco años, pero seguramente eran las emociones de volver a ver a mi primer amor, dentro de unos pocos días se me pasará. O al menos tenía que convencerme de ello.   —¿A dónde vas? —pregunté cuando él tomó su teléfono.   —A conocer a mi hijo —dijo y entonces le marcó a alguien. 
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