Había un ruido molesto que atormentaba mis oídos. Pero no podía abrir los ojos, ni la boca para decirle a nadie que viniera apagarlo. Me sentía como en una nube, y si hubiese probado las drogas alguna vez, diría que se sentía como estar completamente dopada. Poco a poco los recuerdos de lo que Félix me había hecho fueron llegando a mí, mi respiración se aceleró y poco a poco fui despertando. Parpadee ante la iluminación molesta de la habitación, era obvio que estaba en un hospital. Mi audición comenzó a funcionar de nuevo y la voz de Nathan me llamó la atención, estaba en la esquina de la habitación, de espaldas a mi hablando por teléfono. Parecía estar furiosa y no tuve el valor ni la fuerza para pronunciar palabra alguna. —No, no me importa lo que tengas que hacer, quiero que Félix
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


