Derek La pasta a la carbonara me quedó simplemente estupenda. Daniel y yo la devoramos casi por completo. Decidí guardarle un poco a Val, quería presumirle lo bien que se me daba cocinar. —¿Tienes cigarrillos? —le extendí mi cajetilla casi vacía a mi amigo. —En un rato te alcanzo. Cada que queríamos fumar teníamos que salir si es que no queríamos una requintada de Valentina. Me dirigí a su habitación con mi platillo, ya quería que lo pruebe. —Val, sé que no tienes mucha hambre, pero te traje… —¿Qué no sabes tocar? —me atacó furiosa. Tenía el cabello envuelto en una toalla, una remera bastante grande que le cubría la mitad de los muslos y la verdad no sé si traía pantalones o no. —La puerta no traía pestillo. —Nunca le pongo pestillo. —Tomó asiento en su cama mientras comenzó a des

