Ha pasado algo más de un mes y hoy Angel amanece mal, ni si quiera intenta levantarse de la cama. Robert salió temprano para el instituto y no vio a su padre pero Carla nota que su padre no está bien y no puedo despegarla de él, tengo que avisar a Carmen, la mujer de mi hermano para que la lleve al colegio y por fin al ver a sus primas Rosa y Sandra se anima y se va tranquila al colegio.
Va pasando la mañana y Angel cada vez está peor, decido llamar a la doctora de paliativos y por suerte acuden rápido. Le vuelven a ajustar la medicación y por fin se relaja y duerme. Acompaño a la doctora a la puerta, me informa de la medicación que han ajustado, que si necesitamos ayuda psicológica no tenemos más que decirlo y comienzo a no escuchar, mi mente va a cien por hora.
- Perdona que te interrumpa pero... como lo ves?
-Clara, ya sabes de lo que va todo esto y la medicación está a tope, ahora toca ser fuerte. Siento decírtelo pero... le queda poco tiempo.
Cierro fuertemente los ojos por no llorar y la doctora aprieta mis manos e intenta darme ánimos.
El día transcurre en silencio, en angustioso silencio, Angel duerme, prácticamente no abre los ojos. Robert llega del instituto, al ver así a su padre opta por pasar la mayor parte del día en su dormitorio, he intentando hablar con él pero se niega. Carla por el contrario se porta genial, hoy no hay gritos, ni ruidos, está claro que no quiere molestar a papá.
Al fin los dos duermen, miro el móvil de Angel y veo que tiene varias llamadas perdidas de Juan Angel, sin duda le habrá extrañado no vernos hoy en el lugar de siempre y decido llamarlo al día siguiente.
Me tumbó junto a Angel y no puedo creer lo que está sucediendo, como a cambiado nuestra vida en tan poco tiempo. Los recuerdos del pasado vuelven, la forma en la que me enamoró, los lugares, los viajes, nuestra boda, el nacimiento de mis hijos... Y abrazada al amor de mi vida, lloro en silencio hasta caer rendida.