CAPÍTULO DOCE Salim golpeó su maleta a lo largo de las desiguales losas del pavimento, y luego la hizo rebotar sobre los adoquines antes de llegar a un camino de tierra, donde era arrastrada en su mayor parte. Trudy observó horrorizada el m******o a sus preciadas posesiones. Justin no se dio cuenta. Salim marcó un buen ritmo. No había tiempo para observar el entorno. Diablos, parecía que tampoco había tiempo ni siquiera para mirar a la persona que tenía al lado. A Justin no le importó. Le apretó la mano. “Sabía que me quería”, se sintió mareado de alegría. “Esto es lo que importa”, se dijo felizmente. Siguieron a Salim por una calle estrecha tras otra. Podrían haber estado dando vueltas en círculos. Podría haberles dado una falsa sensación de seguridad antes de llevarles a un lugar a

