La gala benéfica fue tan lujosa como Dante había prometido. Aurora se encontró rodeada de una multitud elegante y bien vestida, en un salón lleno de luces suaves, risas y murmullos. A su lado, Dante era la imagen de la compostura y la elegancia, con su traje oscuro que destacaba su presencia sin necesidad de palabras. Pero bajo esa fachada perfecta, Aurora sabía que todo lo que él quería era que ella estuviera a su lado, como un ancla en medio de una tormenta silenciosa. El evento comenzó como cualquier otro, con copas de vino y conversaciones banales sobre negocios y filantropía. Pero a medida que avanzaba la noche, Aurora comenzó a notar las miradas furtivas, los susurros que se interrumpían cuando Dante y ella entraban en una sala, y cómo las conversaciones se detenían al instante en q

