El aire fresco de la mañana en Francia les dio la bienvenida cuando el avión aterrizó en el aeropuerto privado. La sensación de alivio fue palpable, como si el peso que Aurora había cargado durante tanto tiempo se estuviera desvaneciendo poco a poco. Dante estaba a su lado, mirando a su alrededor con una calma que no había mostrado en todo el viaje. Había algo reconfortante en la tranquilidad de aquel lugar, un contraste con la agitación de la ciudad que dejaron atrás. Al bajar del avión, Dante la guió con firmeza, su mano siempre cerca de ella, protegiéndola con cada paso que daban. El aeropuerto privado estaba casi vacío, solo algunos vehículos estacionados y el murmullo lejano de la gente que se encontraba en sus propios asuntos. De alguna manera, ese lugar parecía un refugio, un espac

