Abrí mis ojos, la luz de la habitación había interrumpido mi delicado sueño. Me percaté que Zoe ya no estaba en la habitación.
Cerré mis ojos respire lentamente, hice que el tiempo volviera solo para que los recuerdos de aquella habitación me dejaran ver qué es lo que había pasado.
Me mostró a Zoe levantándose, con su bello cabello enmarañado, sonreí, se rascaba el cuello y se levantaba de la cama para ir hacia...
"La cocina" hablé para mí mismo abriendo mis ojos.
Caminé hacia la cocina y ahí estaba, ahora con su cabello en un moño, al parecer cocinaba algo que la verdad no se me antojaba.
Divise sus manos y para mis cálculos sabía que se quemaría.
"Tres...Dos...Uno"
—Joder —gritó.
Solté carcajadas. "Eres torpe, Zoe" grité más de la cuenta.
—Lo sé, soy torpe.
Tapé mi boca con mi mano derecha. Siempre que gritaba más de la cuenta podía entrar en la cabeza de la persona que veía, en este caso le hablé a Zoe.
Sacudí mi cabeza.
"Eres tan saludable" le dije mirando el plato que contenía pescado frito y papas a la francesa.
Tomaba su teléfono celular, me coloqué detrás de ella y miré lo que ella miraba.
"Luce terrible" dije mirando una foto de una de sus amigas.
Dio un doble toque a la pantalla y salió un corazón de la fotografía.
Negué con la cabeza y rasque mi nariz.
"Bien, Zoe, ¿qué haremos hoy?" sabía que en este momento sacaría su agenda y hablaría en voz alta.
—Dentista, compras para la cena, llamada de mis padres, llegada de mis padres —mete una papa a su boca y la escupe atravesando mi rostro—, ¡Llegada de mis padres! —exclama.
—¿Cómo lo pude olvidar? —se pregunta a sí misma.
"Digamos que fue mi idea" le respondo.
Camina rápido hacia su habitación para cambiar su ropa.
Aprovecho para tomar mi forma física y probar una papa.
—Esto no se ve bien —hablo y la introduzco en mi boca—, pero sabe excelente —hablo con la boca llena.
Zoe abre de golpe la puerta y cambia su mirada, aprovecho para desaparecer de su visión, pero como siempre vuelve a ver hacia ese mismo pensando que había visto algo.
Frunce su ceño y camina confusa.
"Era yo, tranquila"
Toma una última papa y después las llaves de su auto, escucho como abre la puerta y sale azotandola, me traslado hacia su auto, en el asiento trasero como siempre.
—Odio el dentista —habla colocándose, como siempre, sus Ray-Ban, prende el stereo y acelera de camino hacia el consultorio.
...
—Hola, Zoe —le saluda su dentista personal.
—Hola, Frederick —le saluda y se sienta en la silla reclinable.
—Bien, revisaremos, haremos limpieza y te puedes ir.
—Excelente, mis padres vienen hoy.
—Vaya, qué bien, salúdame a tu padre.
—Gracias.
—Doctor, han cancelado una de sus citas —un chico alto con cabello rubio y chino entra a la oficina.
Le miro aburrido.
—Gracias, Joshua —diciendo esto sale del consultorio.
—Joshua —confirma Zoe, llamando mi atención.
—Sí, tiene veinticinco años, acaba de terminar su carrera de dentista.
—Es lindo.
El hombre le sonríe cómplice.
Empiezo a sentir como me hierve la sangre, si es que aun tuviera, pero solo era aquel fuego interno que me consume. Tenía que salir de ahí antes de que hiciera algo de lo que me arrepentiría luego.
—Abre grande- Le pide a Zoe.
Blanqueo mis ojos y aparezco fuera de ese consultorio, en un centro comercial en mi forma física, meto las manos a mis bolsillos y empiezo a caminar.
La gente mi mira sin ser discretos, y no, no era porque pareciera un diablo o tuviera cuernos como le gusta a Él, era por mi cabello, era un rojo fuego, me gustaba como le quedaba a mi piel pálida, me daba un poco de color.
Empecé a sonreír levemente cuando un grupo de chicas se me quedaba viendo y susurraban algo entre ellas.
Llegue a uno de esos famosos McDonald's, había una imagen de las papas que Zoe había desayunado en la mañana, yo solo había probado una y la verdad sabían bien, entre decidido a pedir una orden.
—Buenos días, una orden de papas —le hablé aun con mis manos en mi chaqueta de cuero negra.
—Algo más —eleva su rostro aquella chica pelinegra y se queda viéndome embobada.
—Una soda, Sprite —le pido mirándola directamente a los ojos, logrando sonrojándola.
—Cla-claro —tartamudea.
La chica camina hacia las bolsitas para las papas, la llena y después va por un vaso para llenarlo con el Sprite.
—Aquí. Tie-tienes —me mira más embobada.
—Gracias —le contesto desinteresado, y dejo en el mostrador un billete—, quédate con el cambio.
Tomo la bandeja y camino con ella hasta un cubículo lo más alejado del área de juegos, me siento y comienzo a comer aquellas papas.
Todas las chicas y mujeres mayores de edad se me quedan viendo, ahora recordaba el porqué de no poder dejarnos vernos en público.
—Hola —una voz femenina me hace alzar la vista.
—Hola —le sonrió a una chica de cabello castaño, ojos café claro y una linda sonrisa.
—Mis amigas quieren saber tu nombre.
—¿Solo ellas? —miro hacia otra mesa lejos de la mía.
La chica suelta una risa un poco tonta que la hace ver inocente—. Bueno, también yo.
—No me sorprende, pero no creo que sea posible.
—¿A sí?, ¿por qué? —me cuestiona tomando asiento.
—Tendrías que darme algo a cambio —le contesto acercándome más a ella y recargando mis codos en la mesa.
—Bien —eleva una ceja, de manera seductiva—, siete, siete, dos.
—No quiero tu número —le respondo lleno de risa.
La chica me mira confundida.
—¿Por qué no me dices un secreto tuyo? —le susurro.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Si quieres saber mi nombre, debes de decirme un secreto tuyo.
La chica me mira interesada. Sonríe y se acerca más a mí, esta vez quedando a pocos centímetros de mi rostro, recargó su barbilla en sus manos entrelazadas.
—Me acosté con un profesor de mi colegio —me sonríe.
Le devuelvo la sonrisa.
—Bien, tengo que irme —le respondo, tomando la última papa frita y un sorbo al Sprite.
—¿No me dirás tu nombre?
—No hay secreto, no hay nombre, Danielle —le respondo caminando de espaldas burlonamente.
La chica me ve asombrada, le doy la espalda y salgo de ese McDonald's.
Decido volver con Zoe en aquel consultorio, pero la verdad, no fue mi mejor decisión.