─Por favor… Diosa, me voy a correr de solo verte así ─manifiesta, provocándome una sonrisa maquiavélica. Tomo una bocanada de aire, para hacerle sufrir un poco más. ─¿Y…? ─Insisto, cerrando mi mano en su falo. Hércules estira la cabeza hacia atrás, mordiendo su labio inferior. Noto su frente brillosa y sus orejas enrojecidas junto a las venas de su cuello y brazos marcadas. ─¡Demonios! ¡Lo siento! ─Grita, provocando que ensanche más mi sonrisa. Pienso lo satisfactorio que ha sido verle suplicar. Me levanto, demostrándole mi sonrisa y lo bien que se siente castigarle. Sus ojos se abren sorprendidos. ─Te va a doler mucho esa erección, pero será mínimo a lo que he sentido ─declaro, cerca de sus labios. Abro la puerta del cubículo, saliendo, para dejarle a él con el semblante lleno de u

