Lia La urgencia de Steffano por Ángel empezaba a darme cierta curiosidad. Sus maestras solían decirme que no era un muchacho muy sociable para su edad gracias a esa temprana madurez que lo distinguía de otros chicos. Todavía no terminaba de comprender cómo congenió tan bien con un niño que incluso era menor que él y en tan poco tiempo. –¿Vas a llevarme donde Ángel? La inocencia y emoción en su cara me lo ponían bastante difícil. No quería prometerle nada de lo que no estaba segura, tampoco apartarlo de su primer y único amigo. –No sé si Emiliana vaya a hacer algo importante el día de mañana, pero le consultaré si puedes ir a verlo un momento ¿Vale? Mi pequeño asintió satisfecho, acomodando su pequeño cuerpo entre el colchón y el edredón. Lo abrigué hasta el cuello y deposité un bes

