ALEK —Estúpida idea meterte conmigo, Zakharov… No sabes de lo que soy capaz. —De nada. —lo até al polin tal y como él había atado a mi chica. —Pronto no serás capaz de nada y en el infierno menos, maldito cobarde. —¡Esa mujer no lo vale! Lo tomé del cuello de la camisa y le di un golpe en el rostro. Eso se sintió tan bien. Recordé como la sangre bajaba por el labio partido de Jane y le di otro golpe, hasta que lo escuché rogar. Pero así como él rogaba porque dejara de golpearlo, recordé como el maldito la tocó a la fuerza mientras ella rogaba por que la dejara en paz, y sin pensar más, tomé una navaja de mi cinturón y se la clavé cerca de los cojones. —Tu peor error no fue encontrarme. Esa fue tu mala suerte, imbécil. Tu peor error fue meterse con ella. —¡Tú…! ¡Tú-Tú no-no… sa-

