… —Iremos a una de las casas antes, si quieres adelantarte, Lenin… —No. —Lo detuve con la palma de mi mano en alto —. Está bien. Puedo esperar. ¿O está prohibido?. Alek negó ceñudo, me tomó de la mano y al llegar a la gigantesca residencial le ordenó a Lenin parar en la segunda casa de la fila, en donde según él, tenía algo importante que hacer. Mientras caminábamos hacia dentro, los enormes pilares de color hueso llamaron mi atención. Todos y cada uno tenían una especie de escudo, pero dado que las letras estaban en ruso, fue imposible que las leyera. Todo iba rondando bien en el no tour de una de las casas de Alek, hasta que cuatro hombres en fila se pararon frente a él, lo saludaron con un incuestionable respeto y empezaron a hablar en lo que creo era ruso. Mientras ellos so

