JANE —¡Mi bebé! ¡Mi bebé! ¡Salven a mi bebé! —Pedí. No podía dejar de gritar. O de sentir, en mi debilidad, qué gritaba. En mi apagada y poco saturada mente solo podía pensar en él, solo lo tenía claro a él. A mí bebé, mi Personita. Sentía el filo de los vidrios perforar mi piel con cada movimiento, con cada paso, pero a medida que mi cuerpo y mi alma sangraba, mis heridas internas solo me estaban haciendo más fuerte. Esta sería la última vez que Sergei Zakharov y Angelo Vitto me iban a hacer daño. Habían tenido una oportunidad, pero la habían desperdiciado. «En cuanto el reloj deja de marcar, es la oportunidad perfecta para levantarnos». Nunca entendí a que se refería Alana, hasta que aquel ataque llegó. Podía asegurar de que en algún lugar del mundo, Sergei estaba reg

