—Sé que esto no es lo correcto, bebé —toqué mi vientre y le hablé a mi pedacito —y sé que al igual que yo extrañas a papi. Pero seamos fuertes ¿De acuerdo? —¡Estás demente! Mía lloraba, mirando desde su asiento como mis hombres ataban con grandes lazos a Gustav a la ala del avión. Con este clima seguro caía en algún lugar paradisíaco, era posible que en algún océano o en la jungla. Me daba lo mismo. —¿De qué te asustas, hermanita? —, pasé la página de mi revista "Hola" y la mire de reojo —Él irá en un lugar privilegiado. ¿Quieres acompañarlo?. Mía negó frenética con un tembloroso movimiento de su cabeza. Sonreí y volví mi concentración a las páginas de mi revista, última edición. Había dejado todo arreglado en casa para que nadie arruinara mis planes. Todos los hombres que an

