MIA Yo estaba de lo más tranquila, vaya que sí. Era todo paz, amor, dulzura y relajación. Nada que una noticia repentina, impensable o impredecible pudiera arruinar. Todo estaba bien en el imperfecto mundo de Mía Zakharova Fiore. Todo, en el extenso sentido de la palabra; todo era bonancible. Muuyy bonancible… —¡Maldición, Zakharov! ¡Te odio! —¡nada estaba bien!. —¡¿Sabes lo que eso significa?! —¡Lo iba a castrar! —¡Te dije que esperaras a que Andry llegara con los asuntitos!. —Espera. ¡¿Tú me lo dijiste?! —En mi mente sí. —repliqué en voz baja. Me volví a alterar. —¡Esto no es posible! Pareceré una bola y todo es tu culpa, idiota. El ruso de cabello rubio perfecto, ojos grises así como profundos; con cuerpo de adonis mandado a hacer, y pectorales que provocaban pasar la le

