Capítulo XXXI

2356 Palabras

Al siguiente día bien temprano me levanté y cepillé los dientes porque saldríamos a Bucaramanga. Wilmer me dijo que por el camino desayunaríamos, según él conocía un lugar perfecto. Desperté muy feliz, no me dolía el cuerpo y sentía una satisfacción tan plena que me atrevo a decir jamás había sentido esa sensación. Además que minutos antes abrir los ojos… Observar los primeros rayos del sol entrando por la ventana, mientras me acobija con sus brazos «Una placentera ensoñación» Dejé mi auto parqueado en el estacionamiento de la posada. Allí estaría bien cuidado hasta que regresáramos, porque la idea era irme de copiloto con él. Aunque en su puerta había un aviso que decía que estaba prohibido llevar acompañante. Lo señale y él mencionó: —¡Eso es para novatos! —Y me guiñó un ojo. Nunc

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