Tras dos semana de encierro Sussy ya se moría por regresar a su vida normal. Por lo menos en el primer intento no habían conseguido lo que deseaban. Con el paro de todas las trabajadoras los clubes y establecimientos presentaron perdidas considerables. Citaron a las mujeres para intentar llegar a un acuerdo y como ya requerían trabajar aceptaron algunas condiciones. Al parecer todo figuraba perfecto. No habíamos logrado lo que deseábamos pero nos habíamos hecho sentir. En mi nuevo departamento enviaba correos a los organismos de los derechos humanos para ver si de suerte nos daban alguna respuesta. Por supuesto había citado a mi amor Deninsón para desestresarme un poco. Cada minuto que pasaba con él me figuraba como felicidad plena. —¿Y si un día ya no estoy? ¿Me extrañaras? Dime po

