XXX Giraba en sus manos, que un día fueron delicadas y tersas, esa copa de brandy, su mejor amigo en los últimos años. En su regazo tenía un álbum de fotos de cuando se veía joven y hermosa, agradeciendo que en ese entonces la era digital no hubiera aún llegado a la vida de nadie, porque podía ver en esas fotos gastadas los ojos de quienes estuvieron a su lado, incluso de quienes amó. Salió de su habitación y como el fantasma que ahora era en su propia mansión, empezó a recorrer el cuarto de sus hijos, aunque dos de ellos no vivieran ahí hacía mucho y uno de estos ya ni siquiera soportara su existencia. Abrió esa habitación que se había quedado estancada en la de un adolescente de 17 años, última vez que él vivió ahí por completo. —Alexander… —suspiró esa que alguna vez también fue madr

