XI Alexander tomó un poco de aire y luego llevó la mano a su sien, intentando que todas las malas noticias entraran en su cabeza una por una. Los teléfonos iban a enloquecer a su joven asistente que no sabía lo que debía hacer. El CEO estaba siendo atacado por todos los flancos y no sabía cómo empezar a responder, sobre todo a los ansiosos accionistas que no deseaban sentir el remezón en sus arcas. —Señor Tiberius, llamada desde el puerto. Creo que esta sí debería atenderla —dijo su asistente abriendo la puerta sin permiso. Él le sonrió y claro que respondería. Al inicio estaban tratando la situación con eufemismos, no obstante, hubo una luz en el camino cuando se supo que no todo estaba perdido. «En la madrugada de hoy se vivió una emergencia en el puerto x, debido a que un barco de ca

