Capitulo 3

1571 Palabras
Capítulo III: Presente.                 Tengo que superarlo, realmente tengo que avanzar y llenarme de valor para entrar en la academia. Yo siempre me sentí muy feliz estando allí, no tenía por qué sentir tanto pánico por entrar. Academia de Música: Dulce Melodía.               El letrero se exhibía como una inofensiva invitación que a mi no me parecía de ese modo, entrar allí era como echar un poco de sal a mí herida aún en proceso de cicatrización. Allí Arick y yo habíamos tenido momentos que jamás olvidaré.               Tiempo atrás entrar aquí era tan sencillo para mí como respirar, era tan agradable que no podía faltar ni un solo día y ahora me costaba.               Suspiré y entonces coloqué las manos sobre la puerta, volví a inhalar y entonces la empujé.               Todo seguía tal cual como lo recordaba, de fondo habían diferentes sonidos producidos por estudiantes que practicaban, también algunos alumnos hablaban animadamente en lo que era una especie de recepción y justo a unos metros de mí, hacia la derecha, se encontraba la recepción donde Jane esbozaba una sonrisa junto a Darla, la secretaria.               Ella no dijo nada mientras se alejaba del escritorio y se posicionaba derecha esperándome con las manos unidas sobre su pecho. Tenía una sonrisa melancólica y sus ojos llenos de alegría.               Yo aún seguía estática procesando todo.               -Estás aquí, has venido, realmente has venido – su voz subió algunos tonos por la emoción.               No la culpaba, yo era lo más cercano a una familia que ella tenía y no había venido a su academia, la cual era lo más importante que tenía y a lo que había decidido aferrarse. Yo en cambio no había querido pasar por aquí desde hace ya seis meses cuando él… me dejó.               -No podía seguir retrasándolo – dije suavemente mientras avanzaba hasta ella.               -Todo estará bien – me abrazó –, ya verás cómo vas a lograr superarlo.               Preferí no responder, simplemente correspondí su abrazo. Me tenía cansada que todos me dijesen que debía superar a Arick por lo obvio. Pero él era realmente importante para mí, ¿cómo esperaban que yo lo dejase en el pasado con tanta facilidad?, a penas han pasado sólo seis meses.               -Supongo que quieres visitar tu sala – habló al separarse de mí.               Asentí de inmediato, obligándome a mi misma a aceptar antes de que todo mi cuerpo hiciese caso a lo que mi mente quería hacer: correr lejos de allí.               Porque dolía, dolía estar en un lugar donde él y yo pasamos gran parte del tiempo, donde al fin se sentenció que estaríamos juntos.               -Quizás esto te siente mejor de lo que crees – añadió mientras acariciaba mi cabello.               Miré hacia un lado y entonces alcé la mano en modo de saludo.               -Hola, Darla – sonreí –, hace mucho tiempo que no te veía.               Ella correspondió esa sonrisa, no sé si era mi idea pero se veía emocionada.               -Este estudio no era lo mismo sin ti – expresó rodeando el escritorio –, lamento lo que sucedió, solo espero que puedas volver a ser tan feliz como cuando él también estaba aquí.               Acepté su abrazo.               -Amén a eso – me separé de ella –, ahora, vamos antes que me retracte – me dirigí a Jane.               Esta asintió de inmediato y colocó su brazo sobre mis hombros.               -Vamos a ello.               Jane me llevó a través de los pasillos, guiándome por el camino que yo conocía de memoria y que podría recorrer con ojos cerrados.               Quizás estaba exagerando y esto no sería tan doloroso como pensaba, después de todo, yo tenía una vida antes de Arick donde venía a este lugar a practicar y aprender más a tocar el piano y el arpa. Que él y yo hayamos tenido buenos momentos aquí no tenía por qué significar que dejara de venir por su ausencia.               Fue entonces que la puerta se hizo presente frente a mis ojos, habíamos llegado y no sé, me daba la impresión de que nadie había utilizado la sala en mi ausencia.               -Voy a dejarte sola, si quieres – dijo Jane como si tuviese miedo de espantarme.               La miré durante unos segundos.               -Sí, creo que necesito un momento para acostumbrarme.               -Tú puedes, hazlo por Benjamin, él quisiera que continuases con esto – abrió las manos como refiriéndose a la música.               Ella era la única que solía referirse a él por su primer nombre, bueno, ella y su padre.               -Lo intento – fue todo lo que respondí para dejar mi mirada fija en la puerta.               Di un paso al frente, dispuesta a abrirla cuando Jane habló:               -Estaré en la recepción por si me necesitas.               Vi cómo daba la espalda y de nuevo me concentré en llenarme de valor. Respiré profundo y me golpee mentalmente a mí misma, no puedo seguir así.               Con un subidón de adrenalina abrí la puerta, entré a la sala, cerré la puerta de un golpe y me quedé estática.               Realmente estaba aquí, estaba en la sala donde compartí mucho tiempo con Arick haciendo lo que nos gustaba: Tocar el piano.               Él fue músico desde muy pequeño, su madre lo había animado a tocar todo instrumento que se le ocurriese, por esa razón a sus veintiséis años, Arick tocaba, no solo el piano, si no la batería, la guitarra, el saxofón y el violín. Por si no fuese poco, se  graduó en economía en la universidad de Oxford, poco más de dos años atrás.               Di pasos cortos y lentos hasta llegar al hermoso piano de cola n***o en el medio de la habitación. Lo admiré durante unos segundos, era irreal estar allí de nuevo luego de seis meses.               Estaba contenta, en algún momento de mi vida estar aquí me producía felicidad y ahora parece estar teñida de melancolía. ¿Quién puede culparme?, quizás exagero pero durante dos años viví con miedo a perderlo y finalmente, lo había hecho, no por las situaciones a las que él mismo se sometía, si no por unos desgraciados que me lo arrebataron.               Sintiendo una lágrima caer por mí mejilla me senté en el asiento frente al piano, las teclas estaban tapadas y no pude evitar cerrar mis ojos ante el dulce recuerdo que cruzaba por mi cabeza:               Yo estando en la misma posición y luego él apareciendo y acariciando mis brazos con delicadeza, para luego pedirme una sencilla cita y ayudarme con la melodía que no podía tocar.               Eso fue hace dos años cuando recién nos estábamos conociendo como era debido.               Pero él no aparecería de nuevo, ni de la misma forma, ya nada se repetiría, no tendría sus abrazos, ni su voz, ni siquiera sus duras facciones frente a mí o su sonrisa.               Abrí mis ojos de forma abrupta, dolía y estaba comenzando a sentir mi pecho contraerse cuando noté algo al frente de mí: el cuaderno pentagramado que Arick y yo solíamos usar.               Una sonrisa se formó en mis labios, me había olvidado por completo de ese cuaderno, allí él y yo estábamos escribiendo una melodía donde yo tocaría el piano y él tocaría el violín.               Lo tomé inmediatamente, lo abrí y comencé a repasar las notas en mi mente. Recordaba esos momentos llenos de alegría, algunas notas habían sido copiadas por mí y otras por él. Su letra me hacía llorar. En algunas esquinas y bordes de las páginas él había escrito cosas como: “Eres hermosa”, “Sky, mi ángel”, “no me mires, yo te miro a ti”, “te amo”. Casi podía escucharlo decirme aquellas cosas con su voz gruesa y sus ojos color miel mirándome como si no hubiese nadie mejor que yo en el mundo. Pasé otra página y entonces me quedé helada. Había una pequeña hoja azul, era una nota. Arick nunca me había dejado notas, no que yo recordase. Intenté pensar en cuándo pudo haber colocado eso allí pero me era imposible, quizás porque nunca había pasado. Tomé el papel azul entre mis manos, dejando el cuaderno en mi regazo, y entonces alcé la nota y la desdoblé. Ahora sí que todos mis sentidos se nublaron, no podía ser posible, era irreal. En el papel estaba impreso algo que nadie más podría saber:               ““Nadie te dio el derecho a atormentarme, pero te metiste en mis venas y me di cuenta de que fui yo quien te dio la potestad sobre mis pensamientos porque quedaste impresa en mi mente por el destello de tus ojos”.               No estaba segura de qué sentía, esas palabras me las había dicho él, más o menos porque no fue exactamente lo que él dijo.               No podía venir de él, esa nota no era de él, no había forma porque él no me dejaba notas así.               Me llené de ira y me levanté del asiento con la nota y el cuaderno en mis manos. Avancé por los pasillos, no se podía jugar así con los sentimientos de alguien, menos si ha perdido a alguien como yo lo hice.               -¡Sky! – Exclamó Jane –, ¿estás bien?, ¿qué sucede? – preguntó al notar mi expresión.               Caminé hasta colocarme frente al escritorio y la miré directo a los ojos.               -Tus estudiantes tienen un pésimo sentido del humor.               Golpeé el escritorio dejando la nota sobre este y entonces salí corriendo de allí.               Las lágrimas caían por mi rostro y el dolor estaba incrustado en mi pecho y me preguntaba:               ¿Algún día seré capaz de superarte?, ¿algún día podré olvidarte?               Porque todo en mí me lo impide, incluso todo lo que me rodea.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR