Parte de mí.

2148 Palabras
Tal vez solo conseguí dormir dos horas en toda la noche. Cuando me sumergía en la fantasía de mi inconsciente y sentía que mi cuerpo descargaba el peso del día completo sobre una suavidad parecida a la que mi madre me enviaba con dulzura, cuando me arropaba de niña, aquellas nubes de las que hablaba; algún pensamiento  intruso, se apoderaba de mí y lograba que despertara y me mantuviera plenamente conciente hasta que volvía a repetirse la misma secuencia. — Estúpido Jaebum, no tenías porqué ser tan grosero... "Es un alivio no haber hecho nada contigo, mocosa" —repetí lo que Jaebum había murmurado la noche anterior junto a mi cama, en un tono burlón y hasta caricaturesco— En un par de minutos, no muchos, el reloj marcaría las 7:00 am. Ya era domingo, pero por lo general solía dormir muchísimo en fines de semana. Estaba realmente fastidiada, de eso no cabían dudas. Me duché y cambié mi ropa por un conjunto limpio, lindo y cómodo. Me preparé un café y regresé a mi cuarto. Decodificaba los subtítulos de una mala película romántica, algo más me preocupaba, era tan real que incluso podía sentir una recreación de esa manifestación emocional, en mi cuerpo, en mi pecho para ser exacta. Caminé descalza por la casa con mis auriculares, después de todo era muy amplia y podía recorrerla para entretenerme. En realidad no estaba en mis planes pasar frente al cuarto del estúpido inquilino, pero lo hice. La puerta estaba entreabierta. Mi propio cuerpo se negó a acercarse más de lo debido, pero terminé divisando a Jaebum sentado en su cama, con un álbum de fotos sobre sus piernas.  No hacía nada, solo lo observaba. Inmediatamente pensé en su novia y apreté mis ojos al mismo tiempo que suspiré. No debí quedarme. No debí apoyarme en la maldita pared. — ¿______? ¿Qué...? —Caí dentro de su habitación. Jaebum me miró con enormes ojos. Me levanté de inmediato— — Lo... Lo siento, muchísimo. Yo, debí golpear —dije. Salí de la habitación y golpeé esperando que Jaebum me diera el permiso para entrar. Ni siquiera sabía porqué estaba actuando tan extraño— — Eres una idiota, lo sabes, ¿cierto? —Jaebum sonrió por un momento. Pero no duró mucho, se puso serio en cuando miró su álbum y lo escondió debajo de la almohada— ¿qué esperas ahí? O mejor... ¿qué hacías atrás de mi puerta? — No te estaba espiando, imbécil. —Exclamé— — No dije que me estuvieses espiando, tú sola te delataste —Jaebum se encogió en hombros y sentí convertirse en fuego mi rostro— — Como sea —bufé y me senté a su lado. Otra acción un tanto involuntaria— ¿Te encuentras bien?   —Jaebum arrugó su frente y sonrió desviando la mirada— ¿qué te parece tan divertido? — Es extraño que me preguntes acerca de cómo me siento. — Bueno, tal vez deberías agradecerme por bajar tu fiebre en vez de reírte de mí y... — Gracias. Me siento mucho mejor hoy, pero la verdad prefiero quedarme en casa por las dudas. —Jaebum me interrumpió— — De todas formas es domingo, ¿o también trabajas los domingos? — No, pero tal vez podría divertirme. — Bambam podría conseguirnos que hacer, solo espera a que se despierte. Haremos algo. — ¿Desde cuándo quieres pasar tiempo conmigo? — Oh diablos... ¿es que no se puede ser amable contigo? Siempre buscas la forma de hacer que vuelvas a caerme mal. —Me levanté, pero Jaebum tomó mi mano e hizo que volviera al lugar donde estaba— Él mantuvo su mano sobre la mía unos segundos. Nos recordé bailando juntos cuando estábamos alcoholizados. Por más que intentaba, sus palabras esa noche estaban tan débiles, tan lejanas, que hasta podía desconfiar de su legitimidad. Lo había observado mientras pensaba, Jaebum fue quien reaccionó primero. Se levantó y se puso un suéter. Salimos de la habitación y ambos caminamos hacia la cocina, como si lo hiciéramos todos los días, casi como un hábito. — ¿Quieres café? —Negué con la cabeza. Jaebum sacó de la heladera la leche y tomó una taza para ponerla allí. Luego abrió mi cajón, en donde guardaba mis cereales favoritos. Estuve a punto de decirle que ni siquiera se atreviera a comérselos, pero los puso junto a mí y también la taza con leche. — — ¿Es para mí? —Jaebum giró sus ojos y se sirvió café mientras. Yo lo observaba sentada — — ¿Para quién más?  Eres la única niña que sigue tomando leche con cereales aquí. — ¡Oye! Bambam también lo ha...—¿Jaebum acababa de ser amable conmigo? Él... ¿por qué le daba explicaciones?— — Creo que ya sé que hacer hoy... —Jaebum se sentó frente a mí— ¿Está bien si invito a una amiga? —Tal vez su pregunta me había desconcertado un poco, pero mi expresión de reacción era hasta mí, una exageración—  — Claro... ¿por qué... Por qué preguntas? Es decir... No debería ser un... Problema. —Dije, y vertí mis cerales dentro de la taza— — Está bien, iré a llamarla. —Jaebum se dirigió a su habitación y yo corrí a buscar a Bambam.— Mi mejor amigo todavía no salía de la habitación de mi hermano. Golpeé un par de veces, pero dado que se trataban de las ocho de la mañana, era casi una certeza que él no se despertaría por si solo, así que entré y le quité su almohadón para usarlo como arma. — Bam, oye... Despierta, ¡maldita sea!  —Volví a sacudir a mi amigo. Él apenas abrió sus ojos— —  ¿Acaso estoy en mi casa? Niña, eres realmente fastidiosa —Bambam se sentó en la cama.— — Jaebum fue amable conmigo y... Traerá a una amiga. ¿No te da curiosidad? —Bambam me miraba como si quisiera asesinarme— — ¿No podías esperar algunas horas para decirme eso? Hasta parece que él te interesa, y no hablo de tu interés por hacerlo sufrir hasta que decida irse de esta casa. — ¡¿Cómo te atreves a decir semejante estupidez?! —chillé— ¿Cómo demonios yo...? ¡Ya! Sal de la cama, debemos hacer algo, estoy muy aburrida —bufé. Bambam me dio un pequeño empujoncito y salió de la habitación, lo seguí.— Ambos decidimos salir, almorzaríamos y luego caminar por la ciudad hasta que se hiciera la tarde. Bambam regresaría a su casa la mañana siguiente, queríamos aprovechar el tiempo juntos. — ¿No puedes llevarme contigo? —Pregunté a Bambam. Ambos estábamos acostados en el pasto con nuestras respectivas bebidas en las manos— No tengo nada que hacer aquí. — ¿De qué hablas, idiota? ¿renunciarás a tu propio hogar y dejarás a tu hermano? — No lo dejaría. Vendría a visitarlo. La casa... Jaebum no... — No quieres que se vaya. — No es así. Si Jaebum se va, Jinyoung puede volver, esa es mi prioridad, pero... Bam, ha pasado un largo tiempo ya... —posé mis ojos en él. Bambam traía puestos sus lentes de contacto color celestes. Se veía como un verdadero modelo— Él... No volverá, ¿cierto? — Yo... —Bambam mantuvo su mirada, pero volteó de repente y se levantó. Él no hacia eso.— Déjalo. Volvamos a tu casa, la amiga de Jaebum ya debe estar allí... — Bam, ¿estás ocultándome algo? —Él me extendió su mano para que me levantara— — No lo haría, lo sabrías de inmediato. — Exacto. Lo sabría, ¿qué estás ocultándome? —tomé a mi amigo por los hombros. Él no se veía tan inquieto por nada— — ¿Por qué eres así? Planeaba decírtelo, quería verte para eso... Pero... Sabes que no soy bueno con este tipo de asustos... — ¿Viniste para hablarme de algo? ¿tu familia está bien? ¿tú lo estás? —comenzaba a desesperarme. Bambam me miraba con esa expresión que señalaba claramente inseguridad y hasta miedo— — Busqué a Jinyoung, cuando... Se fue. Hasta ese momento había creído que la sensación del mundo desvaneciéndose a tú alrededor, era sólo en situaciones románticas. Estaba realmente equivocada. Quería oír lo que mi mejor amigo tenía guardado, pero también sentía un desgarrador terror. Algo dentro de mí, sabía que no eran buenas noticias... Es decir, debería ser estúpida para no notarlo, pero aún conservaba algunas esperanzas, después de todo, Jinyoung era la persona que amaba. —  ¿Él... Está bien? —Pregunté. Ni siquiera sentí cuando las palabaras salieron de mi boca. Tampoco había imaginado antes que ante la primer posibilidad de obtener noticias sobre Jinyoung, preguntaría algo como tal— — Él... No. —Bambam se alejó, caminó unos pasos y seguí— ¡Es un maldito hijo de puta! —Gritó. Ambos nos detuvimos en seco— Él... — Es suficiente —dije, interrumpiendo. No podía escuchar más. Me arrepentiría luego, estaba segura, pero no podía oír dónde estaba Jinyoung, o tal vez algo peor.— Caminamos unas pocas calles hasta mi casa. Bambam notó que lloraba, pero respetó mi decisión. Tomó mi mano y me llevó como si fuese una pequeña caprichosa haciendo una escena. Cuando llegamos, le pedí que me dejara sola. Me ducharía y arreglaría. Pretendía fingir que todo estaba bien y diablos, sí  que lo intenté. En realidad no pensé en Jaebum hasta que oí risas en la sala, pensé en que había pasado junto a ellos al llegar a casa, pero en ese momento solo podía apresurarme en meterme bajo la lluvia y descargar la angustia que presionaba mi pecho. Me apoyé sobre mi puerta, mi cabello aún estaba empapado y tenía frío.  Volví a escuchar la risa de Jaebum y una voz femenina, por alguna razón, aquello solo volvió a desatar las lágrimas en mí. — Ya, _______, necesitas calmarte. Él, él no está aquí y tú no necesitas preocuparte. Jinyoung... Dijo que... —me deslicé sobre la puerta, escondí mi rostro entre los brazos que apretaban mis rodillas— — Mocosa, ¿estás aquí? —Oí a Jaebum detrás de mi puerta. Ni siquiera me dio tiempo de ponerme de pie. Empujó la puerta dándome un gran golpe— — ¿Qué demonios... Te sucede? —pregunté. Levanté la vista. Jaebum sonreía con una... gatita en sus brazos— — Ella es Nora. Mi gata. —respondió. El inquilino jamás se había visto tan... Feliz. Sin embargo, seguía en el suelo y él no me ayudaba, él era Jaebum; el mismo— — Hola, preciosa —dije y acaricié al peludo animal.— Oh, sí que eres bella amiga —Jaebum sonrió y dejó sobre el suelo a Nora.— — ¿Bella? ¿amiga? ¿qué forma de tratar a una gata es esa? Eres muy extraña, y tu cabello mojó a mi gata, ¿no tienes secador? —Giré mis ojos. El idiota ya estaba molestándome otra vez— — ¿No hay una amiga tuya en mi sala esperándote? — Creí que no te molestaba. —lo miré, el idiota seguía sonriendo y jugueteaba con su piercing de labio. Negué con la cabeza y desvíe mi mirada hacia Nora— Mi amiga cuida a Nora, extrañaba a mi gata así que le pedí que viniera. — Ya veo... ¿sólo la llamaste por eso? Ella cuida a tu gata, sé amable. ¿Acaso no sabes valorar a las personas? — Bien, deja de regañarme. Ahora veo porqué tu supuesto novio nunca está aquí  —Clavé mis ojos en él. ¿Por qué de todas las veces que me había molestado con mi novio tenía que ser esta la cual por fin creyera que lo tenía?— Pensé en Bambam, en lo que me había dicho. Su grito... Lo llamó hijo de puta. Tenía que tener un buen motivo para hacerlo. — Ya deja de mencionarlo. Él no está aquí. — Lo sé, por fin lo aceptas.  —Jaebum caminó hacia la puerta— — ¡No vuelvas a mencionar un maldito novio! —Grité.  Simplemente, no podía controlarme. No más.— Jaebum me observó perplejo. Su mirada, esa confusión, era la misma que mi alma sentía.  Rompí en llanto. Jaebum se acercó a mí. — ¡Jinyoung dijo que... Que me amaba! ¡Él lo dijo! ¿cómo pudo mentir con algo así? —Volví a gritar entre lágrimas— ¿Sabes? ¡Debí haberme acostado con él! Tal vez... No... Él no se hubiese... — Maldito hijo de... —Jaebum murmuró, pero se detuvo y apretó su mandíbula. Me llevó hacia él con fuerza, nadie, jamás, me había abrazado con tanta fuerza—
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