Quizás estaba haciendo pregunta sin adecuadas, puede que me estuviese desviando del camino, pero tampoco tenía tan claro de que existiese uno en mi vida y reflejo de ello era mí deambular de un lugar a otro. Esta profesión de cuentacuentos empezó a llenar en algo mi existencia, viendo cómo podía hacer felices a aquellos pequeños inocentes, niños que únicamente querían pasar un buen rato sin preocuparse de más y yo tenía la suerte y la capacidad de distraerles. Eso me sirvió durante un tiempo para hacerme creer que había encontrado mi verdadera vocación, el hacer feliz a los niños, pero esto no era sino un pequeño peldaño en la escalera de la vida, que únicamente había empezado a andar, y quería saber a dónde conduciría aquello, así que seguí avanzando en mi búsqueda. La religión me habí

