En algún momento, mis labios se entumen, mis párpados se tornan pesados y me río de cualquier cosa. Bailo, canto, me la paso bromeando con Lucho y algunas partes se vuelven borrosas. Una parte de mí quisiera encerrarse en el sanitario y llorar desconsoladamente por haber alejado a la primera persona que pareció corresponder mis sentimientos. Otra parte de mí (y la que ha tomado el control), prefiere enmascarar cualquier sentimiento negativo y tirarse al don de olvidar que otorga el alcohol. Excepto que no olvido, pues, aunque estoy riendo con una chica a la que no conozco de nada y nos decimos "amiga, me caes muy bien", en mi mente hace eco el sentimiento de culpabilidad y derrota. Pronto, me doy cuenta de que he llegado a la ventana que da a la calle y no tengo idea de cómo llegué aquí,

