No puedo contener mis sentidos cuando la veo allí, de pie frente a mí tratando de parecer una chica coqueta. Su sonrisa tímida hace que mi corazón lata con fuerza queriendo apretar mis manos en su cuerpo a tal punto de que solo tenga mis marcas.
No quiero ser el peor de todo, solo quiero sentir mis manos en su suave carne, en sus caderas y poder decir que he disfrutado de su calor y su olor, de su sabor y su delicadeza. Quiero sentirme afortunado y en este momento lo soy.
Ella camina hacia mí como esperando que mis brazos se abran a su recibimiento, y lo hago, hago cada movimiento que mi niña espere de mí.
-Ven a mí- murmuro esperando que ella me entienda y lo hace. Sus pasos son dubitativos hacia mí pero lo está haciendo, mis piernas se abren para que ella se pose entre mis muslos, mis manos pican por tocar parte de su piel, el pequeño short que está llevando hace que mi imaginación vuele y toque el cielo de un solo salto.
Mi sonrisa crece cuando ella posa su mano en mi hombro y con la otra recorre el lateral de mi rostro, acaricia la pequeña cicatriz que tengo en mi pómulo y decide que le gusta porque se inclina y deja un beso encima de ella.
Mis manos se alzan y tocan sus piernas, no es un toque abusivo ni tampoco uno desprevenido, ella ve el recorrido de mis manos y mi mirada cae en sus ojos esperando aceptación, asiente en un movimiento silencioso dándome la oportunidad de tocarla. Mis manos suben poco a poco hasta toparme con su short, lo sigo subiendo hasta llegar a su cintura.
Ella me dedica una sonrisa y abre sus piernas para sentarse a horcajadas encima de mí. Mi sofá es el primer testigo de todo lo que hare que pase y me siento tan exhausto con tan solo unos toques, quiero ser lo que ella necesite y espero lograr serlo. Puedo ser su muñeco, o su pieza, ella me puede mover de un lado a otro si lo desea y yo dejaría que ella colocara una pegatina con su nombre en mi frente.
Sus manos acarician mi nuca y luego mi cuello mientras que se acerca poco a poco hasta mi rostro. Caramelo y coco es lo que huelo en ella, comienzo a salivar porque la combinación es exquisita, pero no pierdo más el tiempo y detengo los minutos y los segundos cuando toco mis labios junto a los de ella.
Es un toque suave y lento, tímido y dulce, nuestros labios encajan como buscando la primera aprobación de nuestro ser interior, y cuando lo consigue, ella pasa lentamente la punta de su lengua por la separación de mis labios y ¿Quién soy yo para negarle a ella lo que yo más deseo? Mis labios se abren y le dan la bienvenida a la invitada más ansiada, más deseada, más esperada.
Mis manos aprietan su cintura pero no las detengo, mientras que Debra profundiza el beso tomándome de las mejillas, mis manos suben poco a poco por si espalda y dejo mis manos por su espalda baja. Las yemas de mis dedos tocan el pequeño espacio que esta entre la cinturilla de su short y su camiseta corta.
Mis dedos la recorren cuando ella se aleja de mis labios, comienza a dejar besos por mis mejillas y yo no puedo evitar imitarla, mis labios se separan de su mejilla y comienzo a bajar poco a poco por su cuello y dejo besos húmedos. Se estremece encima de mí y es como si estuviera tocando un punto dulce en ella porque cierra sus ojos.
Mis manos se siguen colando por su camiseta hasta llegar a la mitad de su espalda, mis manos juguetean con su piel hasta llevarla a la parte delantera, mientras mis besos siguen bajando hasta su escote.
No la puedo detener ni acelerar sus movimientos por la ubicación de mis manos en su abdomen suave y terso, pero ella comienza hacer círculos encima de mi regazo, primero va de adelante hacia atrás, luego en círculos y luego da pequeños saltos para terminar moviéndose a su gusto.
Yo no la detengo, dejo que ella disfrute de mi cuerpo como yo lo hago con el de ella, mis manos bajan hasta el borde de su camiseta y la saco, sus brazos se alzan y puedo ver como sus labios están rojos y ligeramente hinchados por la presión que ella ha estado haciendo con sus propios dientes. No dejo que ella haga algo cuando yo saco rápidamente mi camiseta por encima de mi cabeza y la lanzo algún lugar del living en donde nos estamos demostrando todo el amor que nos tenemos.
El tiempo es algo de lo que no me he estado preocupando, mientras que Debra esté a mi lado, el tiempo no tiene nada que ver con nosotros.
Ella me deja tocar poco a poco hasta el borde de su brassier pero yo no abuso de su consentimiento, así que llevo mis manos hacia su espalda y juego con todo el pedazo de piel que ella me permite tocar.
Sus manos no son tan tranquilas como las mías, ella empieza a recorrer mi pecho y baja por el centro de él mientras toma mis labios de nuevo como rehenes de los suyos. Su lengua húmeda toca la mía y hacemos un par de movimientos antes de alejarnos y volver a unirnos girando un poco nuestras cabezas para que encajen mejor nuestros movimientos.
Pero mi cuerpo cada minuto me pide más y más y no puedo negárselo, mientras ella está encima de mi moviéndose bajo mi erección a su gusto y placer, estiro mi pie para empujar lo más que puedo la mesita de centro, cuando creo que el trabajo está casi listo no puedo evitar tomarla por la cintura.
Ella se separa de mí con un hilo de saliva que nos une, la dejo suavemente encima de la alfombra color azul, me posiciono encima de ella mientras que abre sus piernas para que encajemos a la perfección. Mi respiración está un poco acelerada pero cuando ella enrolla sus piernas en mi cintura para que me mueva me hace explotar mi cabeza.
No dejo de mover mis caderas embistiéndola en seco, sus uñas se clavan en mi espalda a medida que veo como su cuerpo se curva, no puedo evitarlo y saco de una de las copas de su brassier, uno de sus pechos.
Son suaves, son redondos y rosaditos, paso mi lengua por encima de mis labios cuando sé que voy a degustar algo precioso, lo meto dentro de mi boca y lo muerdo con suavidad, cuando ella se retuerce seguida de los movimientos de mi pelvis, decido que succionarla es algo que le debe causar mucho más placer.
-¡Ah! Jhon- gime mientras que sigo moviéndome, sus manos están a mi cabello para que no me aparte de ella, y como si leyera mi mente, no lo haría. Mis movimientos se aceleran mientras que tomo sus manos entre las mías y las aprieto.
No quiero abusar de su cuerpo y por eso prefiero iniciar así, pero cuando ella arquea su espalda mientras muerdo su cuello.
Su éxtasis explota y grita mi nombre.
-¡JHON!-
Mi cuerpo se sienta de golpe en la cama, mi sudor está corriendo por mi espalda, pecho y rostro. No puedo regular la respiración ni cuando cierro mis ojos para poder tomar grandes bocanadas.
Lanzo la sabana que me cubre sintiendo que me da mucho más calor, mis bóxer se siente apretados e incluso me doy cuenta de la erección que tengo, aun no es de día porque todo está muy oscuro afuera. Las ventanas están abiertas porque se me olvido cerrarlas cuando me decidí a dormir justamente cuando Debra lo hizo.
Me giro a mi derecha y tomo el reloj digital en mis manos, son las dos de la madrugada y me dejo caer de nuevo al colocarlo en su puesto, mi teléfono comienza a sonar y estiro ahora mi mano para tomarlo, veo que tengo cinco llamadas perdidas de mi jefe, o por lo menos del que me contrata.
-Dime- murmuro con algo de malestar.
-¿Qué hacías que no respondías?- su pregunta me causa malestar ¿Acaso el piensa que no duermo? ¿Qué me la paso con un arma en la mano esperando su llamada? Ese hombre me causa más problemas que trabajo. No espero que sea mi padre y eso me enoje en sobre manera.
-¿Acaso no puedo dormir?- le suelto la pregunta girando mi cuerpo aun encima de la cama.
-¿Puedes dormir por las noches luego de asesinar?- me hace la pregunta con algo de sorna, sé que puedo leer su rostro aunque no lo tenga de frente, el solo hecho de escuchar sus palabras me hace saber qué tipo de expresión puede tener, leerlo es fácil y sencillo, es un hombre predecible aunque es muy poderoso.
-Puedo dormir cuando se me da la gana ¿Qué quieres?- digo con molestia sabiendo que me pedirá salir de casa.
-Un trabajo, te envió los datos- no espero que me diga nada más, no quiero otro de sus sermones o algunas de sus sucias y estúpidas palabras, cuelgo cuando puedo y dejo el teléfono encima de la mesa.
Miro hacia la ventana cuando vuelve a sonar, sé que es la dirección, estiro mi mano y tomo el teléfono sin cambiar de posición, leo la ubicación y creo que es momento de tomar un paseo en el subterráneo.
El vagón de mueve de un lado a otro, mi cuerpo tiene un movimiento de derecha a izquierda, tres de los ocho focos estaban parpadeando, no es algo que me moleste, estoy acostumbrado a ese tipo de fallas desde la antigua ciudad.
Un grupo de chicos están riéndose en la parte de atrás, veo como una botella de lo que puedo creer es vodka, está a medio beber mientras que uno de ellos la alza. Una mujer carga a un pequeño bebé frente de mí, su rostro esta contrariado y un poco asustado de solo ver a los chicos, ella gira su rostro y ve hacia mí.
Mi rostro esta serio, sin expresión, puedo saber cuándo colocar ese tipo de apariencia, ella traga hondo y mira de nuevo a su pequeño bebé.
¿Qué hace una mujer como ella a estas horas? No puedo decir que soy mejor que ella, quizás está saliendo de algún turno de trabajo para mantener esa criatura, pero las marcas violetas que tiene en su rostro no me está dando buena espina. También puedo ver ojeras y no es para menos, a estas horas deberías estar en casa durmiendo, incluso yo, que soy un asesino obsesivo por una mujer, estaba bajo la calidez de mi cama.
-¡HEY MAMA!- grito uno de los chicos desde la parte de atrás del vagón. La mujer se tensa, mi rostro no se gira para saber quién es el que ha gritado -¿NO QUIIERES OTRO HIJO?- gritan de nuevo, ahora sé que se refiere a la mujer. Ella aprieta la pequeña manta de su hijo como si eso le daría un poco de refugio. Dejo salir un suspiro y no aparto la mirada de la mujer.
-¡PUTAAA!- grita otro y puedo decir que no es algo que me guste escuchar, las putas trabajan y creo que incluso tiene más trabajo que ese grupo de chicos. ¿Acaso ellos no tienen respeto hacia la mujer?
Siento unos movimientos junto a unas pisadas, la mujer no alza su mirada sino que se centra en tocar la pequeña mejilla de su niño o niña, no puedo saber que es, pero por el color de la manta, me parece que es una dulce niña.
Un chico se sienta a su lado y pasa su brazo por el hombro de la mujer, mi ruta está por llegar, pero mi propio descarado ser, no se quiere bajar aunque debería. La chica se remueve incomoda tratando de quitar el brazo del hombre.
-Déjame- murmura pero él se ríe mirando hacia sus amigos.
-¿Y tú qué? ¿Quieres un trozo de ella?- la burla está en sus labios y la mujer me mira ahora con terror. Mi mirada cae en la de ella y sé que ahora tiene miedo de mí. Paso mi lengua por mis labios secos y el chico quita su brazo de sus hombros y luego se sienta a mi lado –Si nos ayuda, te hare ser el segundo- apunta hacia la mujer.
Una sonrisa aparece en mis labios y ladeo mirando a la mujer de arriba hacia abajo.
-No le puedes hacer eso a ella, es una madre- le comento pero él se ríe. Veo como el resto de sus tres amigos llegan a dónde estamos y todos están tomados, y porque no decirlos, drogados.
La mujer se remueve incomoda y sé que quiere llorar, sus ojos cristalinos me recuerdan a los de mi madre cuando mi padre estaba por llegar a casa. Esa misma mirada de terror y ganas de que sus lágrimas bajen por sus mejillas, pero ella tiene miedo de llorar y ser descubierta.
-Quiero ser el primero- le comento con un tono alto, la mujer alza su rostro y el pánico se cruza aún más por su rostro.
-Si tanto lo quieres, solo no la gastes, todos queremos nuestra ronda- la mujer acuna más a su niña en brazos y yo sonrió.
-Pero tenemos que bajarnos- miro a la mujer y ella comienza a tener miedo. El tren se detiene en mi parada, y la tomo del brazo para tirar de ella junto a los hombres, ella comienza a sollozar cuando la hago salir del tren -¿Es tu parada?- le hago la pregunta, pero ella asiente con tanto miedo de que la ataque que me parece un cachorro.
-Aquí, aquí podemos- dice uno de ellos ayudándome a llevar a la mujer a un rincón, veo a uno desatarse su cinturón y la mujer llora queriendo soltar a correr.
-Dije que sería el primero- tome a la mujer del brazo y la hice sentarse en el suelo junto a su niña en brazos, los chicos estaban asintiendo mientras se turnaban la botella –Cierra los ojos dulzura- le digo a la mujer y ella lo hace mirando a su niña y tapando parte de su rostro con su mano. Está llorando y no puedo detener eso.
-¿Qué haces?- me pregunta uno de ellos.
-Quiero ser el primero, pero no sería mi primera vez- les digo girándome. Ellos están extrañados pero cuando quieren pasar a ver a la mujer saco mi arma de la parte trasera de mi jeans y apunto al chico –Hoy te cruzaste con la muerte- ladeo una sonrisa y le disparo al primer chico. Uno de ellos tropieza y le doy el balazo en la parte trasera de su cabeza. El otro que tenía sus pantalones abajo recibe su disparo en el pecho y el otro que está en shock, recibe el disparo en la sien.
Cuando veo a los cuatro hombres en el suelo muertos me giro hacia donde la mujer, ella alza su rostro y me ve junto a los cuerpo.
-Ve a casa y cambia de trabajo, no es seguro para ustedes- paso mi mano por el cabello de la mujer y por el pequeño rostro de la niña. Saco una paca de dinero de mi chaqueta y se la dejo entre las mantas.
Me levanto de allí ayudando a la mujer y seguir mi destino.
Aún tengo un trabajo que realizar.