—Toma el whisky, que a los dos nos hace falta, escúchame amigo, solo tienes una solución, cásate espera un tiempo, alega cualquier cosa y te divorcias. Thomas se bebió el trago de un sorbo y dijo con gesto de determinación. — ¡Si por supuesto! Mi padre como mi tutor estará obligado a darme la herencia que me dejaron mis abuelos en su testamento, donde se estipulaba que una vez casado heredaría toda su fortuna en joyas, propiedades y dinero almacenado en el banco. ¡Y después que me case, me mudare!, compraré una casa, nada de vivir con su familia o la mía, seguiré llevando mi vida de soltero, dormiremos en habitaciones separadas, créeme no pienso tocarle un solo cabello y si tengo suerte quizás sea ella la que pida el divorcio, aunque lo dudo, ¡Las feas son capaz de aguantar cualquier cos

